El don de sí mismo

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

Aquel mismo mes de marzo de 1923, en torno al día 19, José María recibió una postal de su padre, en la que —en verso, y en tono festivo, como de costumbre— le felicitaba por su santo:

Tu santo conmemoro y felicito
En esta simplicísima cuarteta
Pues para más no alcanza ¡oh caro hijo!
El numen de este mísero poeta.

José María tenía gran devoción a San José y su fiesta le resultaba particularmente entrañable; y solía aludir en sus cartas al Santo Patriarca. Aunque de vez en cuando se olvidaba: Amadísima mamá -escribió un año para remediar aquella omisión-: después de escrita la carta acuérdome que el sábado próximo es S.José, por eso falta algún párrafo obligado al S.Jefe de la S.Familia, y a los jefes queridísimos de la mía. ¡Que vele el santo bendito por Vds. y haga de nuestra familia una casa de santos!.

Pocos datos más poseemos de aquellos años de Somoano como estudiante de Teología, que se fueron pasando casi sin darse cuenta. Clases y más clases de Moral, de Historia Eclesiástica, de Arqueología, de Griego... el divino Morales, la historia de los Estados Pontificios... el clero secular y los cabildos en los siglos XII y XIII... las odas de Píndaro... Sólo quedan, como testigos de aquella época, algunas postales: una vista de Zaragoza, con una felicitación de Navarrete al dorso, una tarjeta firmada con las letras ingenuas de sus hermanos pequeños... En el Seminario, donde pasaba gran parte del año, la vida se desarrollaba de modo uniforme y reglado. Los meses transcurrían lentos y monótonos, y la nostalgia del hogar familiar se hacía más fuerte durante las Navidades. Que el niño Jesús -deseaba Somoano a los suyos en la Nochebuena de 1923- venga a toda nuestra familia recibiéndole ese día en la Sagrada Comunión, (...) junto con el mayor don que puede dar el divino Infante, que es el don de sí mismo.