Otro temporal

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

Durante aquellas Navidades de 1917-18 España sufrió un gran temporal de nieve que recordó el de 1902. En Logroño, la pequeña capital de la Rioja, el penúltimo día del año los termómetros marcaron 16 grados bajo cero; cuatro personas fallecieron a causa del frío; la ciudad estuvo a punto de quedarse incomunicada; crujían las lunas de los armarios... Algo inaudito en aquellas tierras de La Rioja. En sus casas, las comadres comentaban, apiñadas en torno a las mesas camilla, arrebujadas bajo gruesas toquillas de lana, las consecuencias del temporal.

-Esto es lo nunca visto. Dicen que a los serenos se les hiela el vino de las cantimploras y que el otro día se murió uno que trabajaba en Correos porque estuvo esperando más de seis horas en la estación.

-¡...Y los vendedores de la Plaza de Abastos, con la mercancía congelada! ¡Y sin poder salir, aislados como estamos! Aunque dicen que el otro día llegó un cochero de Murillo de Río Leza...

-¡Con estas nieves! ¿Cómo?

-Pues envolviendo los cascos de los caballos con forros de trapo. Y dicen también que han visto un lobo merodeando cerca del Cuartel de Artillería.

—¿Un lobo? ¡Qué exageración! ¿No será un perro grande?

-Pues no sé... pero lo que sí sé es que esto es... ¡lo nunca visto! -aseguraba otra, mientras removía afanosamente con la badila, bajo los faldones de la mesa camilla, los rescoldos de ceniza del brasero de picón...