Ecos lejanos

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

Todos los años, en torno al 19 de marzo, su padre solía enviarle una postal de felicitación con la imagen de San José y una dedicatoria en verso:

Si del santo Patriarca eres devoto
Obtendrás de la Virgen protección;
Y si Esta te acompaña, ¡hijo querido!
¿Que te habrá de negar el Hombre Dios?

Se han perdido las cartas que escribió José María a sus padres durante este periodo de seminarista latino, salvo algunas postales, en las que intentaba felicitar a su padre también en verso, y además, en bable, el dialecto asturiano; pero, como explicaba:

Torturando mucho la cabeza
pa facer un versu en su hinor
tuvi que dexalo por maleta
pues non nací poeta
nin sé escribir rimada
mi felicitación.

Llegaban a Alcalá, de vez en cuando, ecos lejanos de guerras y revoluciones. Pero todo eso ocurría lejos, muy lejos, en Rusia, en Austria, en Alemania, en extraños y desconocidos países de Europa que eran para aquellos seminaristas sólo unas parcelas del mapa escolar pintadas de amarillo, azul o verde. Allí, en la quietud de la ciudad castellana, las jornadas se sucedían con la monotonía de siempre: clases y más clases, recreos, juegos, paseos por el campo, ratos de oración...

En octubre de 1917 José María comenzó su tercer curso en el Seminario: viejas caras -Marcelino, Navarrete, Sevilla- y muchos rostros nuevos: aquel curso había veinticuatro alumnos en primero. Con uno de ellos -Rafael Pazos Pría, asturiano, como él- hizo buenas migas. El nuevo obispo inauguró el curso, como de costumbre, el día 2. Durante ese acto, "el Señor Doctoral -consignaba El Eco de Alcalá- Don Luis Alonso Muñoyerro leyó un discurso de verdadera erudición, haciendo la relación, dividida en ocho períodos o etapas, de las vicisitudes de la enseñanza y formación de los sacerdotes desde los tiempos apostólicos".

Diez días después, justamente el día de la Virgen del Pilar, le nació un nuevo hermano: Rafael. Ya eran ocho hermanos...

Iban y venían cartas de Arriondas a Alcalá con noticias de la vida cotidiana: las travesuras de los pequeños, las andanzas de Mambuxu, la vida en el seminario...

Tras un otoño recio, vino un invierno de nieves. Año de nieves, año de bienes, asegura el refrán. Al terminar el primer trimestre, los alumnos celebraron las Navidades en el Seminario y la llegada de 1918.

Un año más. Una Navidad más. Un invierno más. Aparentemente, no pasaba nada. Solo aparentemente.