1915. Una carta desde Alcalá

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

Doña María recibió la carta ilusionada. ¡La primera carta desde el Seminario! Rasgó el sobre y desplegó la cuartilla, doblada en dos, escrita con letra ingenua y vacilante. Comenzó a leer. Estaba fechada el 9 de octubre y José María les trataba de usted, como se acostumbraba en aquel tiempo, sin que eso significara distanciamiento alguno:

Sr. Dn. Vicente Somoano y Dna. María Berdasco

Mis queridos padres: recivi su carta que con gran ansiedad la esperaba, para saber como le había ido a V. después que salió de aquí y como estaban mi mamá y mis hermanos y en ella veo que todos están bién gracias a Dios.

Reciví..."

Sonrió ante ante la segunda recaída en la v del recibí. Los acentos revoloteaban de palabra en palabra, y acababan posándose, como pájaros despistados, donde no les correspondía. Se imaginaba a José María inclinado sobre el pupitre, en las clases destartaladas y frías del Seminario, esmerándose para que la pluma cimbreante no le derramara la tinta sobre la pequeña sotana recién estrenada, luchando por expresar sus sentimientos, y dilucidando los misterios de la ortografía castellana, con sus temibles b y v...

Siguió leyendo: Recivi la carta de V. y de mamá el día 6 y no pude escrivir hasta hoy porque aquí se escribe los Sabados y Domingos. Pideme mamá detalles de la vida que tengo aquí. Esta es la vida que tengo: Por la mañana me levanto a las 5 y media, después hago la cama, me labo y arreglo el cuarto; después vamos a la Capilla del seminario y rezamos allí la oraciones de la mañana, y oimos

Ahora sí que se había metido en un buen lío el pobre José María, que no tenía al bueno de don Cipriano para sacarle de dudas. ¿Cómo se escribiría oímos? La carta revelaba patentemente sus vacilaciones: escribió primero ohi; pero aquello no le convenció; dudó; tachó; recapacitó y escribió de nuevo: ohimos; no, no era así; volvió a tachar: oimos. Volvió a dudar. Al fin escribió una débil, pudorosa, casi vergonzante h sobrevolando la palabra, dejando su inclusión o no a elección del lector. Doña María sonrió y continuó leyendo: ahora los renglones navegaban sobre el blanco del papel como un barco en plena tormenta: en un renglón, parecían irse a pique; en el siguiente levantaban la proa o sucumbían ante una tachadura, fruto de una nueva vacilación gramatical.

...oimos la Snt. Misa, después nos vamos a estudiar como una hora, después nos vamos a desayunar y después a recreo como 1/4 de hora, estudiando musica pasamos más una hora, y así pasamos el tiempo hasta que vamos a clase a las 10 1/2 y a las 12 salimos de la clase y vamos a recreo y después vamos a la Capilla y luego a comer, después de comer vamos a recreo y así ahora estudiando, ahora de recreo pasamos el tiempo hasta que vamos a merendar acia las 4 y 1/2 y después estudiando y de recreo pasamos el tiempo hasta que vamos a clase a las 5 1/2 y salimos hacia la 7 y, después vamos a recreo, luego a estudiar, después a recreo y luego a la Capilla a rezar el Snto. Rosario y un seminarista lee meditaciones, después nos vamos a comer y luego a recreo y después otra vez a la capilla a rezar una estación y después nos vamos a acostar a las 10 de la noche.

Esta es mi vida padres queridos.

A continuación confesaba ingenuamente: ¡Nunca sentí hasta ahora el estar solo sin ningún hermano ni nadie de mi familia!

Aquella última frase debió apenar profundamente a doña María: sí; esta era la primera separación física de su familia, la primera vez que José María se encontraba solo... ¡Qué duras habrían debido ser para él aquellas primeras semanas fuera de casa! Aunque al final apostillaba, para tranquilizar a sus padres: pero ya me voy acostumbrando.

Terminó de leer la carta: El Lunes fue la innaguración, vino el Sr. obispo de Madrid-Alcalá, fue un acto muy solengne, leyó un elocuentísimo discurso mi profesor y en ese día se repartieron los diplomas entre los seminaristas que más aprovecharon el tiempo. El domingo hubo una procesión que asistimos los seminaristas y yo llevé un pequeño trecho la virgen niña. El Lunes se abrieron las clases. Los Domingos y los Jueves salimos de paseo como 2 o 3 Kilómetros fuera de la ciudad.

José

"Mi madre —recuerda Cristina— leyó y releyó esta carta muchas veces, hasta aprendérsela de memoria".