Lo del carro

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

Tuvo que padecer mucho, y, desde luego, lo del carro supuso para ella uno de los sufrimientos más amargos de su vida. Me lo contó muchas veces. Sucedió en 1904. Mi hermano José María tendría unos dos años y medio. Mi madre no le dejaba bajar a la calle, pero aquel día consintió en que jugara en la acera de la casa con unos primos pequeños y otros amigos. Entonces, en un despiste de los que le cuidaban, cruzó la calle en el preciso momento en el que pasaba un gran carro cargado con cajas de viajante. Una de las ruedas le pasó por encima del vientre. Nadie se explicaba cómo no lo mató. Avisaron enseguida a mi madre... ¡Ay, cuando llegó y lo vio allí, desvanecido, en medio de la carretera!

...Cuando lo vio así se lo ofreció de nuevo al Señor, como había hecho nada más nacer, diciéndole:

-Dios mío: si me lo dejas con vida, te prometo que haré cuanto esté de mi parte para que sea sacerdote.

Todos estaban alborotados, atendiendo al niño e intentando calmarla. Entonces una muchacha le recomendó que lo ofrecieran a San Gregorio Papa, que se venera en Cúa, en el concejo de Piloña.

Así lo hicieron, y gracias a Dios, con la ayuda de las oraciones y las medicinas fue recuperándose de forma portentosa: todos los que habían presenciado el accidente decían que era milagroso que no hubiese muerto en el acto. Y cuando estuvo bien —ya que hubo un tiempo en que dejó de andar— mis padres fueron de nuevo a Cúa para agradecer a Dios la curación de José María, su primer hijo varón".