Una misa al alba

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

El 5 de noviembre de 1932, ya de madrugada, don Josemaría miró hacia la ventana. Un débil rayo de luz comenzó a iluminar la estancia familiar de los Gordon. Amanecía un nuevo día en Madrid. Todos rezaban. En la penumbra, sobre la cama, muerto, yacía Luis.

Había caído gravemente enfermo tiempo atrás, de una dolencia pulmonar que le había provocado fuertes dificultades para respirar. El mal se había ido agravando y había muerto por asfixia, entre grandes dolores ofrecidos al Señor.

"Al amanecer -comenta su sobrino, Luis Gordon Beguer- don Josemaría dijo que ya estaban en el alba y que podía celebrar la Santa Misa en el oratorio".

Don Josemaría se santiguó al pie del altar y comenzó la Misa.

-Introibo ad altare Dei: Ad Deum qui laetificat iuventutem meam. Me acercaré al altar de Dios: Al Dios que es la alegría de mi juventud.

* * *

Dios, que había alegrado la juventud de don Josemaría con el don maravilloso de la semilla divina del Opus Dei, le hacía saborear ahora el dolor y el sufrimiento, que le unían más íntimamente a la Cruz. Primero se le había ido Somoano, cuando podía haberle ayudado tanto. Y ahora, Luis... Y proseguía aquella furia anticristiana... y las dificultades... y las incomprensiones... y la falta de medios materiales... y su ideal seguía pareciendo a muchos una locura...

No se rebeló. El Opus Dei era de Dios, y Dios tenía sus caminos. Ahora contaba con José María Somoano y con Luis Gordon en el Cielo: eran los primeros miembros de la Obra que habían pasado a la casa del Padre.

Tanto José María Somoano, como Luis Gordon, habían muerto en la plenitud de la vida, con fama de santidad, y el joven Fundador estaba seguro que le ayudarían más eficazmente desde el Cielo.

Prosiguió la Misa.

-Confitebor tibi... Cantaré tus alabanzas al son de la cítara ¡oh Dios! Dios mío; ¿por qué estás triste alma mía, y por qué me llenas de turbación?

Los familiares de Luis contestaron con voz quebrada:

-Spera in Deo... Espera en Dios, porque he de alabarle más todavía, a El, que es mi Salvador y mi Dios.