Un fruto maduro

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

Isidoro Zorzano, uno de los primeros miembros del Opus Dei, escribió el 28 de julio desde Málaga, donde trabajaba como ingeniero, esta carta a los miembros de la Obra, que le habían escrito poco antes relatándole el fallecimiento de Somoano: La primera impresión que me produjo la lectura de vuestra carta fue de dolor; es el primer hermano que perdemos en circunstancias tan extrañas y tan inesperadamente, que me ha producido verdadera emoción. No hemos empezado a poner en práctica todavía nuestros proyectos y ya contamos con un mártir de la Obra. Tenéis razón, era un alma tan hermosa que Dios ha querido conservarla íntegramente para Él; tal vez quisiera tenerla a su lado para que sea ella quien interprete cerca de Él nuestros sentimientos y deseos; será por decirlo así, el Abogado de nuestra causa. En medio de la tribulación que su separación nos ha ocasionado, debemos estar orgullosos de que uno de nuestros hermanos haya conseguido ya un puesto cerca de Él; sírvanos esto de ejemplo y guía, imitémosle y pidámosle a Él nos conceda la gracia de una muerte semejante. He rezado un Rosario entero en sufragio de su alma y aplicaré por la misma intención las tres primeras comuniones que haga. Os agradeceré me deis toda clase de detalles relacionados con su muerte. Os abraza fraternalmente. Isidoro.

Pocos días después, el Fundador redactó una nota necrológica, dirigida a los miembros del Opus Dei, donde recogía algunos rasgos esenciales de la vida de José María Somoano. El sábado 16 de julio de 1932 —escribió— día de Nuestra Señora del Carmen —de quien era devotísimo-, a las once de la noche, murió, víctima de la caridad y quizá del odio sectario, nuestro hermano José María.

Sacerdote admirable, su vida, corta y fecunda, era un fruto maduro que el Señor quiso para el cielo.-

El pensamiento de que hubiera sacerdotes que se atreven a subir al altar menos dispuestos, le hacía derramar lágrimas de Reparación.-

Antes de conocer la Obra de Dios, luego de los incendios sacrílegos de Mayo, al iniciarse la persecución con decretos oficiales, fue sorprendido en la Capilla del Hospital —del que fue capellán y apóstol hasta el fin, a pesar de todas las furias laicas—, ofreciéndose a Jesús —en voz alta (creyéndose solo), por impulso de su oración—, como víctima por esta pobre España.-

Nuestro Señor Jesús aceptó el holocausto y, con una doble predilección, predilección por la Obra de Dios y por José María, nos lo envió: para que nuestro hermano redondeara su vida espiritual, encendiéndose más y más su corazón en hogueras de Fe y Amor; y para que la Obra tuviera junto a la Trinidad Beatísima y junto a María Inmaculada quien de continuo se preocupe de nosotros.-

¡Con que entusiasmo oyó, en nuestra última reunión sacerdotal, el lunes anterior a su muerte, los proyectos del comienzo de nuestra acción!-

Yo sé que harán mucha fuerza sus instancias en el Corazón Misericordioso de Jesús, cuando pida por nosotros, locos —locos como él, y...¡como El!— y que obtendremos las gracias abundantes que hemos de necesitar para cumplir la Voluntad de Dios.-

Es justo que le lloremos. —Y, aunque su santa vida y las circunstancias que rodearon su muerte nos dan la seguridad de que goza del eterno descanso de los que viven y mueren en el Señor. Es justo también que hagamos sufragios por el alma de nuestro hermano.-.