Vientos de fronda

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

El clima social, adverso a la religión, se iba dejando notar cada vez con mayor virulencia en las salas del hospital. Corren vientos de fronda -escribió el día 6-, para las Hermanas. Tampoco las querían allí. Le gustaría sobrellevar aquellos acontecimientos con mayor sosiego interior, pero -como reconocía en su diario- su estado de ánimo sufría con aquellas amenazas: "la situación se va ennegreciendo poco a poco. Parece que estos quieren llegar en lo que de ellos dependa, a descristianizar a todos. ¡Dios nos asista, y nos sostenga! Los ánimos, regulares".

Esta expresión -descristianizar- no es exagerada. Estaban en los comienzos de una nueva persecución. Bastaba abrir las páginas del periódico para encontrar múltiples hechos que la confirmaban. Por ejemplo, aquel año Alcalá de Henares no vio, por primera vez en varios siglos, desfilar por sus calles la procesión de las Santas Formas. Nadie se atrevió. Era un signo elocuentísimo de la fuerza que había cobrado el odio hacia Dios.

Muchos confiaban en una solución de carácter político-social, pero Somoano apuntaba más hondo: sabía que aquellas convulsiones no tenían su raíz sólo en meras coyunturas políticas: eran la consecuencia, sobre todo, de una profunda crisis humana, moral y espiritual.

Entre algunos católicos empezó a cundir el temor y el desaliento. ¿Qué pensaría de todo esto el pequeño Rafael? Decidió escribirle al Seminario de Valdediós para confirmarle en su vocación:

Estás hecho un valiente -le escribía-. Admirable está eso si le añades, que creo que sí, una vida fervorosa y santa. Que nunca se pueda decir aquello de 'sois muy buen enfermero, pero muy mal religioso'. Dígote esto porque, desgraciadamente, la mayor calamidad que nos puede caber es, que haya tantos católicos de nombre nada más, y sacerdotes sin celo y sin fervor, que creen que son buenos con no dar escándalos. No hay más remedio, querido Falín, que ser, o no ser; y en la vida de la gracia, en un sacerdote se entiende, no hay medio. O uno es un santo, o no es un buen sacerdote; y como los seminaristas a eso tienden, tienen que poner los medios y escoger. Hace más un buen sacerdote, un santo sacerdote, que dos mil discursos de Gil Robles. La reacción tiene que venir fomentando en serio la vida religiosa y esto unicamente lo consiguen los sacerdotes fervorosos. Que tú lo seas ante todo y sobre todo, pide a Dios con toda su alma, tu hermano.

El día 8 de mayo tuvo lugar el entierro de Angelines, una enferma del Hospital que había muerto santamente dos días antes: "Un Angel más que intercederá por mí. Entre todos los que he conocido en la tierra y están en el Cielo tienen que conseguirme de Dios la santidad".

Aquel día hubo huelga general en Toledo y se produjeron diversos enfrentamientos con la fuerza pública. Dos días más tarde se registraron graves disturbios estudiantiles en Zaragoza y se clausuró la Universidad de Valladolid.

Proseguían las amenazas de expulsión: "Nuevos rumores acerca de mi estancia en esta casa" escribió el 10 de mayo.

Y al día siguiente Alvaro de Albornoz, Ministro de Justicia, leyó dos proyectos de ley: el reconocimiento exclusivo del matrimonio civil y la posibilidad de inscribir como legítimos a los hijos habidos fuera del matrimonio.