Lo que llegará a ser

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

María estuvo hablando del Opus Dei con su hermana Benilde en una de las ocasiones que vino a visitarla y esta constató cómo el aliento y el estímulo espiritual que María recibía en la Obra ayudaban poderosamente a su hermana a llevar con paz su terrible mal y a "vivir una intensa vida interior. La vocación a la Obra le daba extraordinaria fuerza".

La alegría de María se manifestaba especialmente en las cartas a sus hermanas. Benilde recuerda que la animaba "a tener preocupación de santidad, y me contaba algunos detalles del Opus Dei".

"Lógicamente -concluye- quiso que las otras dos hermanas participáramos de la dicha que ella tenía con este descubrimiento, que había sido una especial gracia de Dios", y no paró "hasta conseguir que fuese a visitar a don Josemaría. Cuando llegué a Madrid por segunda vez, acompañando a mi madre -pienso que era en mayo de 1932-, fui a visitarle a su casa, sin previo aviso. La casa estaba situada en la calle de Martínez Campos, nº 4, cerca de las religiosas Esclavas".

Nunca olvidaría Benilde aquel primer encuentro con el Fundador: "A pesar de no haber concertado la entrevista -prosigue-, el Padre no me hizo esperar y estuvo un rato conmigo. Me llamó la atención su extremada sencillez y lo alegre que era. Lo que me dijo -breve, concreto- no tuvo desperdicio. Centró enseguida el tema, que fue exclusivamente espiritual. Más o menos me dijo que podía pertenecer a la Obra y que María Ignacia ya le había explicado las circunstancias en que me encontraba. Me anticipó un poco de cómo podía ya empezar una vida espiritual más intensa, señalándome algunas cosas concretas. Recuerdo un detalle que me pareció muy significativo: que llevara a mis hijas, con toda libertad -pero que ellas querrían-, a hacer la Visita al Santísimo todas las tardes. Pepita tenía entonces diez años.

Yo me sentía en la gloria cuando hablaba con él y conocerle ha sido uno de los favores más grandes que Dios me ha concedido y del que estoy más agradecida.

Ese primer día se hizo bastante tarde: serían las tres y me pareció que el Padre tenía prisa. Yo también estaba un poco apurada porque tenía a mi madre esperándome en la fonda".

Durante esa entrevista, Benilde estuvo observando una pequeña fotografía del Fundador que había en la habitación. Y en un determinado momento, pensando en voz alta, se le escapó un comentario:

-"Este sacerdote, con el tiempo... lo que llegará a ser".