9 de abril de 1932

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

No podía sospechar María que uno de los primeros frutos de esa intención por la que rezaba y se mortificaba tanto -el Opus Dei- iba a ser precisamente... ella misma. Ya había llegado la hora -como había escrito poco antes en su cuaderno- para darse del todo a Dios.

Todo sucedió de forma rápida y sencilla. Don Lino le planteó a María la posibilidad de entregarse a Dios en el Opus Dei, a pesar de la gravedad de su estado. María -anotó Somoano el 9 de abril- aceptó complacida.

Fue algo más que un aceptación complacida. María rebosaba -como dejó constancia en su cuaderno de notas- agradecimiento y alegría por aquel inesperado don de Dios. ¡Allí, postrada en aquella cama del Hospital, desahuciada por los médicos, esperando la muerte, allí, precisamente, Dios le había hecho ver su vocación! Aquella enfermedad -lo comprendía ahora con una luz nueva- era algo más que una cruz que debía soportar: era su trabajo, su instrumento de santificación, su camino concreto para llegar a Dios, su medio específico para hacer el Opus Dei en esta tierra. Vendrían miles de mujeres a aquella Obra de Dios. ¡Y ella, en aquel Hospital, iba a ser parte del cimiento del Opus Dei y allanaría con su dolor los caminos de Dios para los millares de almas que vendrían después...!

"El 9 de abril del 1932, jamás podrá borrarse de mi memoria -escribió María, dos días más tarde, exultante-. De nuevo me eliges buen Jesús, para que siga tus divinas pisadas... ¿qué viste en mí, mi enamorado Amante, para dispensarme tan señalado favor? -Sé que no lo merezco... -Confundida y rebosando mi corazón de gratitud, te digo: ¡Gracias Jesús mío! gracias, por tanta bondad.

Te prometo desde este momento con tu ayuda, ser espléndida en el puesto en que me has colocado, ya que toda la gloria ha de ser para Ti.

Dame las gracias necesarias para ello, y no te separes de mí. -Así una vez más el mundo entero quedará convencido, que por muy grande pecadora que un alma sea, no debe temer el ir a Ti, pues con sólo oír de sus labios un Te amo salido del corazón, te complaces en designarla como piedra fundamental para tus obras. -Te repito conmovida, por este nuevo y hermoso favor ¡¡Gracias Jesús del alma mía, gracias!!".