Los chicos de la carretera

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

Enfermos abandonados, pobres moribundos, niños de los arrabales y de las chabolas: los cimientos. Cimientos de oración. De aceptación plena de la Voluntad de Dios. De sufrimiento y dolor...

"Una mañana, que recuerdo muy bien porque había caído una nevada muy fuerte y estaba todo cubierto de blanco -recuerda la hermana San Pablo- vimos (...) acercarse al colegio dos sacerdotes vestidos con sotana y manteo. Era temprano, pues todavía se veía todo blanco y limpio; después se convertía todo en un barrizal. Era don Josemaría -acompañado por otro sacerdote llamado don Lino- que venía a pedir que le dejáramos organizar una catequesis en el colegio.

El colegio estaba cerca del Hospital del Rey, y el ambiente de la barriada, que se llamaba de los Pinos era muy hostil. Meses después un grupo de hombres de aquel lugar rociarían con gasolina unos locales, mientras unas mujeronas gritaban, señalando a las monjas:

-¡Que no quede una viva, son ocho!; ¡matadlas a todas!

"Atravesar aquel barrio -recuerda Herrero Fontana- era muy arriesgado. Yo acompañé alguna vez a don Josemaría Escrivá y a don Lino por aquellos lugares, y vi como los insultaban y los ridiculizaban, entre blasfemias y burlas. Recuerdo que una vez, yendo con don Lino, un hombrachón de aquellos le gritó a otro:

-Oye, ¿no eras tú el que te comías a los curas crudos? Cómete a ése..."

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"Mi pobre alma -recordaba don Josemaría- se formaba en la vida de infancia tratando niños: niños pobres, niños desvalidos, niños ignorantes de quienes no se ocupaba nadie (...). Sacaba el provecho de tenerles como maestros y, de cuando en cuando, una pedrada que otra. ¡También era una manera de sacar provecho! Eso me iba preparando para las pedradas que vendrían después".

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Somoano atendía también a esos pobres niños, a los que llamaba "chicos de la carretera" y seguía desvelándose noche y día por sus enfermos del hospital, a los que pedía que ofrecieran todos sus sufrimientos por su intención, que todos conocían como la intención de don José María.

"Como tanto le apreciábamos -relata María- se dieron casos dignos de admirar". Cuenta que a una enferma que estaba "muy avanzada en la enfermedad, intentaron los médicos como último recurso y mayormente para servirles de estudio, una operación de garganta dolorosísima. Cuando le fue esta atravesada por un trocar bastante grueso, al sentir aquel dolor tan fuerte, dijo interiormente: ¡Dios mío!, por la intención de D. José María.

Cuando al día siguiente se enteró éste, se le veía todo emocionado de alegría, y nos lo refirió a todas.

Y esto, se repetía con mucha frecuencia. -Una enferma que tenía una tos muy fuerte, exclamaba en medio de ella: Jesús mío, por la intención de D. José María. Otras que no tenían apetito y a otras que no les gustaba la comida, se les oía decir: Por la intención de D. José María, me lo comeré.

En las grandes operaciones, siempre recordaban esta intención.

La satisfacción que él experimentaba con todo esto -escribió María-, no podía por menos que exteriorizarla dándole las gracias a las enfermas, y animándonos cada vez más a pedir, ¡siempre! ¡siempre!"

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"Siempre que nos escribía a casa -recuerda Rafael- nos pedía que pidiésemos mucho al Señor por una intención suya muy importante. Nos lo repetía muchas veces: Rezad, rezad. Y nosotros, sin saber por quién, ni por qué, pedíamos y pedíamos por esa intención...".