Sólo tu amor

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

Era época de carismas especiales. Y también de un especial encono contra la fe y contra la Iglesia.

El mes de febrero comenzó con malos augurios. El día 6 la Gaceta de Madrid publicó el Decreto de secularización de los cementerios. La Legislación pretendía -como se denunciaba en un editorial de ABC- que sólo fuesen enterrados en sagrado aquellos que lo hubiesen manifestado explícitamente en su testamento, o lo pusiesen por escrito en un documento firmado. Era una medida claramente secularizadora, porque, como señalaba el editorialista, la mayoría de los españoles de aquel tiempo morían sin testar.

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"Hoy empezó tu retiro en el desierto, Jesús mío —escribió María en su libreta el día 10 de febrero, Miércoles de Ceniza—, donde ayunaste los cuarenta días que antecedieron a tu Sagrada Pasión. Yo no puedo acompañarte mi adorado Jesús, con ayunos ni penitencias pues ya sabes que estoy en esta cama, sin una hora seguida de descanso... Si con mis dolores puedo hacerte alguna compañía, dispón de mi como mejor te plazca.

Desde luego al despertar esta mañana, he visto mi Jesús, que ahora como siempre, no me has olvidado. —Desde anoche, me encuentro peor..... no tengo nada en mi cuerpo, que no me duela. —Como no se te ocultan las vivas ansias de mi corazón de llegar a amarte hasta perderme dentro de la llaga de tu divino costado, mientras yo dormía, cual Padre cariñosísimo, Tú me preparaste tan agradable sorpresa para hoy.

No sé hacer oración. —Rara vez me mortifico. Soy muy charlatana... ¿Cuando así, voy a purificarme de tantos pecados como en mi vida he cometido, y poder llegarme a Ti?

Al enviarme los dolores me dices: Si los aceptas con alegría y en medio del sufrimiento me demuestras amor aunque sea con una mirada al Crucifijo, yo te prometo suplir con ello, cuantos rezos y mortificaciones pudieras hacer en mi honor.

¡Qué hermosas palabras, mi dulcísimo Jesús! ¡qué alientos das a mi pobre alma con ellas! —¡Qué grande y qué bueno eres, mi enamorado Esposo!— Te pido tu ayuda y con ella, cuantos dolores y penas ha habido en el mundo desde su principio, y haya hasta el fin.

Tu amor, es solamente lo que anhelo ¡Sólo tu amor!".