Una homilía en la Concepción

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

Pocos días después, el 2 de febrero de 1932, el Fundador entró en la iglesia de la Concepción, un templo neogótico que se alza en el corazón del barrio madrileño de Salamanca, donde se celebraba el acto de inauguración de la Adoración Real, Perpetua y Universal del Santísimo Sacramento (ARPU), fundada por don José Lles. Predicaba desde el púlpito un sacerdote joven, alto, de mirada penetrante tras sus lentes de concha. Era José María García Lahiguera, otro de los grandes amigos de Somoano. Hablaba con fuerza, con una energía, una vibración y una pasión singular...

Al escucharle hablar de Dios con tanto fervor, el Fundador quiso conocerle personalmente y fue a visitarle aquella misma tarde al Seminario de Madrid.

"Aunque entonces no le conocía, ni tenía de él referencia alguna —recordaría años más tarde García Lahiguera— desde las primeras palabras que cruzamos, se estableció entre los dos una corriente de cordialidad, de simpatía; quizás a causa de su modo directo y franco de iniciar la conversación.

—¿Tú has visto esta mañana —empezó diciendo—, durante el sermón que has predicado, un sacerdote que te miraba atentamente, sin perder palabra de lo que decías?".

A continuación don Josemaría le explicó la tarea que Dios le había encomendado: el Opus Dei. "Yo estaba firmemente conmovido con lo que iba oyendo —recuerda García Lahiguera— y comprendí enseguida que aquel sacerdote estaba iniciando algo verdaderamente trascendental, de Dios. Era un panorama de apostolado y de servicio a la Iglesia que atraía, maravilloso... Con gran delicadeza, de vez en cuando, se interrumpía para preguntarme si me interesaba lo que me iba contando, y yo, que estaba pendiente de sus palabras, le animaba a seguir.

Don Josemaría, después de explicarme la Obra, sólo me pidió una cosa bien concreta: que rezase para que el Señor le ayudase a llevar el peso que El mismo había echado sobre sus hombros. Prometí hacerlo de todo corazón y nos despedimos. Ese fue el comienzo de una amistad que ha durado tanto como nuestras vidas".

Tres días más tarde, el 5 de febrero, Somoano visitó a García Lahiguera, el cual, por lo que se deduce de sus notas, le estuvo hablando de la Adoración Real, Perpetua y Universal del Santísimo Sacramento (A.R.P.U.) "Se tiende a fundar misioneros —escribió Somoano en su Diario- y a fomentar la unión del clero y calentar su espíritu. Muy buenas impresiones saqué. —Es época de carismas especiales".