La primera mujer del Opus Dei

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

Las primeras mujeres vendrían al Opus Dei con el paso del tiempo. Exactamente dos años después, el 14 de febrero de 1932, pidió la admisión la primera. Sin embargo, el Señor quiso hacer ver al Fundador, de un modo singular y concreto, que el dolor y el sacrificio debían ser siempre los cimientos de una Obra de Dios. "Cuando yo iba a celebrar todas las mañanas al Patronato de Santa Isabel -contaría muchos años más tarde- encontraba una mendiga que estaba siempre en el mismo sitio, en la calle, pidiendo limosna; me acerqué a ella y le dije:

-Hija mía, yo no puedo darte oro ni plata; yo, pobre sacerdote de Dios, te doy lo que tengo: la bendición de Dios Padre Omnipotente. Y te pido que encomiendes mucho una intención mía, que será para mucha gloria de Dios y bien de las almas. ¡Dale al Señor todo lo que puedas!

Al poco tiempo, uno de los días que pasé a celebrar la Santa Misa, no estaba, tampoco al otro... Como en esa época íbamos a visitar los hospitales, en uno de ellos me encontré con esta mendiga en una de las salas.

-Hija mía, ¿qué haces tú aquí, qué te pasa?

Me miró y me sonrió. Estaba gravemente enferma. Le indiqué: mañana celebraré la Misa pidiéndole al Señor que te ponga buena. La mendiga me contestó:

-Padre, ¿cómo se entiende? Usted me dijo que encomendase una cosa que era para mucha gloria de Dios y que le diera todo lo que pudiera al Señor: le he ofrecido lo que tengo, mi vida.

Sólo le dije: "Haz lo que quieras, pero le pediré al Señor por ti, y si te vas, cumple muy bien este encargo"

"Yo os digo -comentaba el Fundador- que, desde que aquella pobre mendiga se fue al Cielo, es cuando la Obra comenzó a caminar deprisa".

* * *

A partir de entonces consideró a aquella pobre mujer, desde un punto de vista espiritual, como la primera vocación femenina del Opus Dei.