Deseos de algo más

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

¿Cuáles eran las inquietudes espirituales de Somoano durante aquel periodo? Lo ignoramos. Desgraciadamente, esa región profunda del alma, esa intimidad espiritual donde tiene lugar el diálogo con Dios y de la que surgen las decisiones más profundas, rara vez se manifiesta mediante escritos o palabras. Sin embargo, su modo de actuar revela la búsqueda de algo más. Se advierten tanteos, incertidumbres, deseos de mayor santidad...

Uno de esos tanteos —que no cuajó en ninguna realidad concreta— se pone de manifiesto en la solicitud que dirigió al Obispado, el 20 de noviembre de 1929, para que se aprobase y erigiese canónicamente una Congregación Mariana Sacerdotal, que había promovido junto con sus buenos amigos José María Lahiguera, Lino Vea-Murguía y José María Vegas.

En este proyecto se advierten claramente algunas de sus inquietudes. Deseaban como se especificaba en el texto, fomentar la perfección y santidad propia; procurar con todo empeño la unión y caridad fraterna del Clero y, por último, animarse mutuamente al celo apostólico, en un ámbito concreto: la evangelización de los barrios extremos de Madrid.

Se proponían ayudar a las catequesis de los poblados de chabolas que formaban un cinturón de pobreza en torno a la capital; atender los Hospitales, muy especialmente el de San Juan de Dios y las salas de infecciosos e incurables de los demás Hospitales; cuidar de los pobres y desvalidos; y trabajar con los rudos, con los enfermos, en los barrios más apartados y desatendidos.

Esos Estatutos son también un reflejo de las aspiraciones más profundas del alma de Somoano. Aunque esa iniciativa no se materializase más tarde en nada concreto —por más que sus promotores trabajasen intensamente, cada uno por su cuenta, en esas labores con los más necesitados— testimonia su deseo, compartido con sus tres buenos amigos, por llevar una intensa vida de piedad que le librase de uno de los peligros del apostolado cristiano: el activismo. Por eso en los Estatutos se proponían vivir las siguientes prácticas de vida cristiana:

"1ª Media hora de meditación; 2ª Piadosa preparación y celebración de la Santa Misa y la acción de gracias actuándose en la real presencia de Cristo Nuestro Señor en nuestro pecho; 3ª Un cuarto de hora de lectura espiritual; 4ª Examen general de conciencia; 5ª Rezar digne, attente ac devote el Oficio Divino, y en cuanto sea posible en tiempo litúrgico; 6ª Rezar el Santo Rosario y visitar al Santísimo Sacramento; 7ª Confesarse cada ocho días o a lo menos cada quince; 8ª Hacer los Ejercicios Espirituales todos los años, y si no se puede, cada dos. 9ª. Retiro espiritual cada mes (...)".

La iniciativa, como ya hemos dicho, se quedó sobre el papel: Dios tenía otros planes para cada uno de esos cuatro sacerdotes.

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El 21 de noviembre, durante el periodo en el que Somoano se reunía con Lino, y los dos José María para pergueñar esta iniciativa apostólica, llegó de Arriondas su hermano Leopoldo. "Me fui a Madrid -recuerda- para trabajar en la Compañía de Seguros Zürich, junto con Vicente, que ya estaba viviendo allí. Como éramos muchos hermanos, aunque mis padres iban vendiendo lo que les quedaba de su patrimonio para sacarnos adelante, hacíamos lo posible para dejar de ser un peso desde el punto de vista económico. Madrid me impresionó: yo era entonces un chico joven de dieciocho años que nunca había salido de Asturias y aquellas grandes avenidas, llenas de coches, radiantes de luz, con semáforos que se habían instalado pocos años antes, me deslumbraron...

José María estaba entonces en plena juventud. Es como si le estuviera viendo; le recuerdo sonriente, en el patio del Asilo, charlando con los golfillos mientras jugaban. Tenía un don singular para el trato apostólico con estos chicos, especialmente con los violentos, los mal hablados y los rencorosos; les llegaba al corazón, con aquella sonrisa suya, tan franca, tan abierta, tan clara. En una palabra: se los ganaba. Y el secreto era el cariño. Porque, como decía mi hermana Enriqueta, los quería como un padre".