Un espectáculo

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

"Cuando José María vino de Africa -recuerda Cristina- vivíamos en una casa muy bonita que estaba junto a la estación de abajo, unida mediante unas escalinatas con la estación de arriba, desde donde salía el tren para el Real Sitio.

Aquella casa me encantaba. Desde los balcones se veía llegar el tren de Oviedo, atestado de peregrinos; a los pocos segundos, el tren de Covadonga comenzaba a ponerse en marcha; sonaba la campana, y se escuchaba: ¡viajeros al treeeen! Entonces, todos se bajaban apuradísimos de los vagones y comenzaban a trepar por las escalinatas, corriendo y tropezándose unos con otros, mientras volaban por el aire sombreros, paraguas, bastones... ¡Menudo espectáculo! Era divertidísimo: y además gratis, en aquellos tiempos en los que no había radio ni televisión...

Radio había alguna que otra; pero la mejor fuente de noticias seguía siendo la propia estación; porque, para cuando traían los periódicos a Arriondas, ya nos habían contado las novedades más importantes los maquinistas, los fogoneros y los interventores. Era como un rito: día tras día, llegaba el expreso de Oviedo y el interventor le refería los últimos sucesos al jefe de la Estación de arriba, don Armando:

-¿Sabe usted, don Armando, lo que ha dicho Primo de Rivera sobre el conflicto del Arma de Artillería?

Don Armando se lo transmitía al jefe de la estación de abajo, Pachín Alvarez, y éste, a su vez, se lo contaba a Benigno, Tomás y Yoyo, dos hermanos que eran maquinistas; y a Hipólito y Cuétara, los interventores. Y así, por unos y por otros, nos íbamos enterando de las noticias de la capital".