Sueños

 

Índice: José María Somoano. En los comienzos del Opus Dei

¡Qué fácil era para José María, en aquellos meses de abril y mayo de 1927, cuando estudiaba quinto curso de Teología, mientras el Rector -que tanto aprecio le tenía-, les daba las últimas charlas antes de recibir la ordenación sacerdotal, dejar suelta la imaginación y soñar con sus primeros años de sacerdocio! Ya quedaba menos; ya se veía llegando al pueblo, entrando en la parroquia -su parroquia-, saludando a los feligreses, predicando desde el púlpito, dando catequesis a los niños, confesando, celebrando las grandes fiestas litúrgicas...

No escribió en sus apuntes personales nada acerca de esos sueños juveniles, que se enraizaban en las ilusiones más profundas de su infancia; pero se deducen de las composiciones académicas de sus últimos años en el Seminario. Se adivina en esos textos que vibraba en deseos impacientes de ordenarse para poder consagrar al propio Cristo entre sus manos, y que esa era la única ilusión de su vida: ¡ser sacerdote! ¡Sacerdote de Jesucristo!

Ya faltaba poco, muy poco, para traspasar, por fin, aquellos muros del Seminario y lanzarse a ganar el mundo para El. Contaba, uno tras otro, los meses, los días... ¿Qué le tendría preparado Dios? Su alma bullía en ideales grandes. "La juventud —escribió en una de esas composiciones— significa ideales, amor, belleza, fortaleza, ánimo esforzado, valentía, heroicidad. Es la edad de los héroes, la de las epopeyas".

Le esperaba —lo intuía— una aventura, una epopeya maravillosa. Todo aquello por lo que había soñado desde pequeño, por lo que había rezado tanto, la gran ilusión de su vida, estaba ahí, cerca, muy cerca, en el próximo recodo del camino...