Hay que rezar mucho

 

Índice: María Ignacia García Escobar

A Braulia, que se ha establecido en Madrid para cuidar de su hermana , le sorprende la felicidad de María Ignacia durante estos meses de 1933, meses de una larga agonía que la va consumiendo lentamente. Contempla como su hermana va transformando su dolor en un encuentro amoroso con Cristo, llevando a la práctica lo que había escrito años atrás:

¿Queremos que no nos canse el dolor? Pues pensemos que en él estamos complaciendo y amando a Dios .

Como demuestra la experiencia cristiana de tantas almas,  el sufrimiento no sólo es compatible con la alegría, sino que puede convertirse en la  fuente de esa misma alegría, “porque en ese sufrimiento está el mismo Dios: porque ese sufrimiento es la Cruz de Cristo” .

Ni aún ahora, que sabe que puede morir de un momento a otro, María Ignacia piensa en sí misma. Lo mismo que hizo con Benilde, pone los medios para que su hermana Braulia, que por su corazón generoso puede entender el Opus Dei, hable con el Fundador.

Cuenta Braulia que su hermana le insistió mucho “en que fuera a ver a don Josemaría y que hablase con él. Fui a verle (...) no recuerdo el mes , a una casa de la calle de Martínez Campos”.

En esa casa residía el Fundador con su madre y sus hermanos Carmen y Santiago. Allí daba clases de formación cristiana, y recibía a muchas personas, a las que hablaba de Dios.

Al ver que Braulia ya conocía el Opus Dei por medio de su hermana, Josemaría  Escrivá  le dijo:

—¡Hay que rezar mucho!

Durante esa conversación le preguntó si le gustaría pertenecer al Opus Dei en el futuro. Braulia le dijo que sí .

“Estaba la casa —recuerda— con chicos jóvenes de muy distintas clases sociales”. Por su carácter alegre y expansivo, a Braulia le gustó ver que esos chicos “salían contentos, comentando cuanto animaba el Padre y como a todos contagiaba su alegría”