8 de enero de 1933. Unos escritos del Fundador

 

Índice: María Ignacia García Escobar

1933. Un nuevo año. El tercero que pasa en el Hospital. El 8 de enero le traen unos escritos del Fundador sobre la infancia espiritual. Estos escritos, que la consuelan mucho, son, posiblemente, los 246 pensamientos que el Fundador ha estado recopilando durante el pasado mes de diciembre, y que después de transcribirlos a máquina, ha impreso en un velógrafo en forma de fascículos . ¡Qué alegría experimenta María Ignacia al leer estas Consideraciones espirituales o Consejos, que tantos ecos encuentran en su alma!

152. —Camino de infancia. abandono. Niñez espiritual. Todo esto no es una bobería, sino una fuerte y sólida vida cristiana.

153. —Reconozco mi torpeza, Señor mío, que es tanta... tanta, que hasta cuando quiero acariciar hago daño. Suaviza las maneras de mi alma: dame, quiero que me des, dentro de la recia virilidad de la vida de infancia, esa delicadeza y mimo que los niños tienen para tratar, con íntima efusión de Amor, a sus padres.

154. –Niño, ofrécele cada día... hasta tus fragilidades.

Braulia observa que su hermana guarda estos escritos del Fundador como oro en paño, “perfectamente ordenados, porque era muy cuidadosa, en una carpeta”  .

No ha podido María Ignacia escribir nada, por su estado físico, durante los últimos meses. Permanece horas y horas en la cama, acompañada por su hermana. Ya no está con el resto de las enfermas. La han trasladado a un cuarto. Sabe lo que eso significa.

Experimenta una leve mejoría y escribe el 9 de enero:

En las recaídas de mi enfermedad,

veo siempre más y más cuanto me amas, ¡oh Jesús mío!—

Se pasaron los meses de noviembre y diciembre sin dedicarte unas líneas en las hojas de este cuaderno. —A pesar de ello, Jesús del alma mía, me queda el gran consuelo [de] que, si esta vez no han sido escritas por mi mano, seguramente habrán sido escritas por la tuya. ¡Qué ganancioso cambio!

Las mías, como terrenas, hubieran sido grabadas en este cuaderno, pero las tuyas habrán sido escritas en el libro de la Vida... ¡Qué bueno eres, Jesús mío! ¡Cómo me amas!

Sí; mi dulce Amado: las fiebres altas, los grandes dolores en el vientre, el traslado de nuevo a un cuarto... en fin todo, todo sufrido por tu amor (este ha sido mi deseo), habrá ido trazando líneas de la tierra al Cielo, pudiendo asegurar, sin temor a equivocarme, que estos escritos son los que más te agradan.

Por tanto, repetiré llena de confianza: Sí; en noviembre y diciembre también le he dedicado escritos a mi Jesús, pero... no están en mi cuaderno; están en el suyo... ¡Qué alegría!

Ayer, último día de Pascua de los Santos Reyes, me trajo una hermanita mía en la Obra de Dios unos escritos que hace tiempo esperaba con santa impaciencia, por tratarse de Ti.

En varios de sus puntos habla de la niñez espiritual. —Al terminar de leerlos, con gran convicción de lo que decía, y esperanza ilimitada en tu poder y misericordia, he exclamado: Señor, soy una niña, sí; pero... una niña incorregible y con unos instintos de fiera, que si Tú, mi cariñosísimo Padre, no me coges en tus brazos; y, a pesar de mis gritos de protesta, [no] me apartas del peligro, llevándome a tu aposento, mi nueva caída seria segura!

¡¡ Jesús del alma mía, apiádate de mí!! .

Estas son las últimas palabras que escribe en su Cuaderno.