9 de agosto de 1931. El Cuaderno

 

Índice: María Ignacia García Escobar

Pasan los días. Va empeorando. Los dolores se vuelven insufribles y un día los médicos dictaminan:

—Hay que operar.

Conoce por primera vez el mármol blanco de la mesa del quirófano, el olor del cloroformo y las penalidades del postoperatorio. Pero en sus escritos sólo hace una breve mención a estos sufrimientos, y de pasada: “Ya sé lo que es una operación de vientre”.

El 9 de agosto decide ir anotando sus experiencias espirituales en un Cuaderno. No quiere hacer un diario íntimo ni nada parecido. No desea hablar de sí misma, sino de Dios, y de su amor a Dios.

¿Por qué escribe entonces? Escribe para rezar, para charlar (así titula el primer escrito: unos minutos de charla interior) con Jesucristo. Escribe porque piensa que esas páginas le servirán para su trato con el Señor. Hay momentos en su oración en los que comprende con especial claridad que debe ser plenamente de Jesús; en esos momentos se inflama de amor, pero luego, en la vida cotidiana, este pensamiento pierde vigor y la presencia de Dios se debilita. La hoguera  de su amor corre el riesgo de convertirse en ceniza. Desea que la lectura de esas páginas le ayuden a mantener esa hoguera siempre  encendida.

Comienza su Cuaderno con esta dedicatoria:

A Ti, Jesús mío, dedico cuanto en este cuaderno anote. –Bendícelo, y haz que todo sea para mayor gloria Tuya, y provecho de mi alma.

Ve que su vida se acaba: “sólo me restan unos días...” y se plantea: “¿Procuro aprovechar este breve tiempo que Jesús con tanta misericordia me ha concedido para que del todo me dé a Él?

Jesús me quiere toda suya... me regatea continuamente mi pobre amor... es a todo un Dios a quien le hago esperar... ¿Y no se me despedaza el corazón a la vista de tan horrenda ingratitud? –Con sólo pensar esto cada hora siquiera un minuto... ¿no me enmendaría?

–Luego entonces, ¿por qué no lo hago?

Continuamente siento en las puertas de mi mezquino corazón fuertes aldabonazos del Buen Jesús recordándome mis promesas... :

Examina la raíz de su falta de correspondencia. “Y yo, ¿cuándo voy a empezar? ¿Cuándo voy a convencerme plenamente de que fuera de Jesús no puedo hallar descanso alguno...?

¿Por qué no soy de Jesús, no de palabras solamente, sino de hechos? ¿Por qué?