Pruebas de amor

 

Índice: María Ignacia García Escobar

Pero la causa principal de su gozo durante estos meses entre las montañas del Guadarrama es su trato con la Eucaristía . El Sanatorio cuenta con una pequeña capilla, donde puede acudir a cualquier hora para acompañar a Jesús Sacramentado .

Esto convierte al temido Sanatorio en “un sitio muy delicioso”.  “¡Cuánto amor me has demostrado!”,  exclama en su oración, deseando contagiar a todos ese amor .

Hace buenas amigas, como Pilar y Mercedes Archiva de la Hoz, dos maestras jóvenes, “muy educadas, agradables, un poco tímidas”, hijas de un catedrático del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, que dejan pronto el Sanatorio. “La lesión era muy leve y enseguida se curaron” .

En Valdelasierra está internado también un sacerdote de 27 años, don Juan Martínez Montón . Es un hombre de gran bondad, finura espiritual y preparación teológica. La estrecha convivencia entre los enfermos hace que pronto se conozcan detalles de su biografía. Don Juan había ingresado muy joven en el Seminario de Cuenca. Luego se trasladó a Roma, donde se había ordenado sacerdote pocos años antes. Pero había caído enfermo de tuberculosis y el obispo le había enviado a un pueblo de la serranía de Cuenca, para ver si mejoraba. Al agravarse su enfermedad había tenido que venirse a este sanatorio

La dirección espiritual y los consejos de este sacerdote, enfermo como ella,  ayudan mucho a María Ignacia. Le agradece vivamente  a  Dios que  lo haya puesto en su camino . Gracias a su “diestra mano” y a los consejos que le da, escribe tiempo después, “aún más que mi enfermedad mi espíritu se alivió” .

¿Podré olvidar mientras viva
Mi estancia en Valdelasierra?
No sé. Hasta el día de hoy,
Recordarlo me consuela!