Abandonado y solo

 

Índice: María Ignacia García Escobar

Durante esos años María Ignacia tiene noticia de una iniciativa que ha promovido don Manuel González García , el nuevo obispo auxiliar de Málaga. Es el famoso Arcipreste en Huelva, que había escrito:

¡El Santísimo Sacramento!

Abandonado y pobre le he llamado; ¡que no se alarme vuestra piedad!: voy a explicarme.

Abandonado, digo; y vais a ver hasta qué punto y en qué medida.

Hay pueblos, no creáis que allá entre los salvajes, hay pueblos ¡en España! en los que se pasan semanas y meses sin que se abra el Sagrario, y otros en los que no comulga nadie, ni nadie visita el Santísimo Sacramento; y en muchísimos si se abre, es para que comulgue alguna viejecita del tiempo antiguo.

En esos pueblos, muchos de sus habitantes ni saben ya que hay Sagrario, ni qué es comulgar, y llegan al fin de su vida sin haber hecho la primera Comunión.

Si a esos desgraciados les preguntaseis por la casa de Jesucristo en aquel pueblo, no sabrían qué responderos.

¡Abandonado! y qué mayor abandono que estar solo desde la mañana a la noche y desde la noche a la mañana?

En Hornachuelos don Fernando se preocupa por la dignidad del culto; no se da, ni mucho menos, la triste situación que pintaba don Manuel:

Una lámpara mugrienta, muchas veces dos velas empolvadas de no servir, una reja de goznes enmohecidos, de no girar, y alguna que otra telaraña, he aquí todo el acompañamiento de Jesucristo Sacramentado. ¿Conocéis a algún pobre, algún abandonado en situación más triste...?

Busco con quien compararlo y la única situación que encuentro que pueda compararse con ésta es en la que se vio el mismo Jesucristo en el Calvario.

Pero también en Hornachuelos, como sucede en tantos lugares, son pocas las personas que se acercan habitualmente a la Eucaristía. La cifra de 165, durante la visita del Obispo, no es frecuente, ni mucho menos.

Se crea en el pueblo “la Obra de las Tres Marías”, una de las numerosas asociaciones eucarísticas promovidas en España y América por don Manuel González. Esta asociación promueve que haya mujeres que acompañen a Jesús Sacramentado, como las Tres Marías acompañaron a Cristo en la Cruz, hasta en los Sagrarios de los lugares más apartados.

María Ignacia participa intensamente en esta iniciativa apostólica. Aunque es la más joven de las mujeres de la Asociación, como recuerda su hermana Braulia García Escobar , propaga activamente este amor a Jesús Sacramentado “entre los chiquillos y entre las personas de edad”. Es “increíblemente apostólica”. Sabe poner en juego su simpatía, que es mucha; y su natural  frescura, de la que tampoco anda escasa.

—¡Adiós María Ignacia!

—¡Adiós Frasquita! Fíjate tú... hablando del Rey de Roma: ¡que te quería yo comentar un asuntillo que te interesa muchísimo!

—¿Sí? A ver, a ver, cuéntame...

El afán apostólico —uno de los rasgos más acusados del perfil espiritual de María Ignacia— no es el fruto de un entusiasmo pasajero. En María Ignacia los sentimientos se van entrelazando con la reflexión de manera armónica, como esas coronas de jazmines de Arabia, las ensartas, que se subastan en Hornachuelos en las primeras noches de agosto.

—¡Buenos días, doña Rafaela!

—Qué alegría, niña. ¿Qué te trae por aquí?

—Pues nada, que pasaba por la calle y me he dicho: ¡voy a saludar a mi amiga doña Rafaela! Y de paso la invito para que venga esta tarde, que tenemos...

Además de su oración, María Ignacia emplea todos los resortes de su ingenio y de su buen humor para que sus amigas se acerquen a la Eucaristía, porque está  profundamente convencida de que  “una sola cosa hay que hacer en la noche tan fugaz de esta vida: amar a Jesús con todas las fuerzas de nuestro corazón y salvarle almas para que sea amado”