Mayo de 1915. La visita del Obispo

 

Índice: María Ignacia García Escobar

Prosigue doña Pepita: “He dicho antes que mi abuelo Manuel, el padre de María Ignacia, no era un hombre de fe, y es verdad. Eso hacía sufrir a sus hijas y seguramente mi tía rezaba por él. Pero mi abuelo Manuel era un hombre bueno, con respeto hacia la religión. Y con inquietudes espirituales, como luego contaré.

Por ejemplo, no tenía reparo alguno, al igual que mi tío abuelo Antonio, en dejar su casa al obispo, o a Fray Francisco cuando venía de misión al pueblo. Hay una habitación en esta casa que se sigue llamando así: el cuarto del obispo”.

Uno de los obispos a los que se refiere doña Pepita fue Mons. Ramón Guillamet y Coma, que hizo una visita pastoral al pueblo el 16 de mayo de 1915. Llegó a Hornachuelos desde el vecino pueblo de Palma del Río. Se le recibió con grandes honores, aunque haya que situar en sus justas proporciones la entusiasta descripción que hizo el cronista eclesiástico de la visita:

A la subida del pueblo esperan los niños y niñas de las escuelas con sus banderas. Le reciben el cura Sr. Laguna, el Alcalde, Juez, Ayuntamiento, Hijas de María, asociaciones de señoras y caballeros. En la plaza de la Iglesia se despiden los señores de Palma.

Con las solemnidades de rúbrica entra S.E. en el templo, dirigiendo la palabra a los fieles que llenan la iglesia. Visita el Sagrario y baptisterio. Acompañado de las autoridades y del pueblo en masa, con vivas ensordecedores, llega a casa de don Antonio García Durán, donde tiene preparado S. E. su alojamiento.

Lunes 17. —Celebra Misa de Comunión general, en la que toman parte los niños y las niñas de los colegios, las Hijas de María, llegando el número de comuniones a 165.

Fue un día ajetreado. Tras las confirmaciones hubo agasajos con dulces y vino; visitas a las escuelas y al hermoso y bien acondicionado cementerio. Por la noche, nuevos agasajos en casa de los García Durán. Al día siguiente, otra tanda de confirmaciones y encuentros, antes de que el Prelado partiera, como relata el cronista, a las dos y tres minutos .

Cuatro horas después, a las seis y cinco minutos,  la comitiva llegó en coche a la finca de Santa María.

Sin pretenderlo, el minucioso cronista pone de manifiesto en su crónica la dificultad que presentaba la atención pastoral de aquellas serranías. Porque al llegar al Cerro de los Rayos el Prelado no tuvo más remedio que bajar del auto y subirse a una mula para proseguir el camino.

Dos horas después, exactamente a las ocho y diez minutos se apean de las caballerías, siendo recibidos al poco rato por el Cura ecónomo señor Astiz, que le recibe con la Cruz y ciriales y capa pluvial. Las cañadas inmediatas retumban con el trueno de los muchos cohetes (...). La calle está iluminada con candiles