Romance del conde Arnaldos

 

Índice: María Ignacia García Escobar

¡Quien hubiese tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!

Con un falcón en la mano
la caza iba a cazar;
vio venir una  galera
que a tierra quiere llegar.
Las jarcias traía de seda,
la ejercía de un cendal.
Marinero que la guía
diciendo viene un cantar
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar,
los peces que andan nel hondo
arriba los hace andar,
las aves que andan volando

Nel mástil las faz posar.
—Galera, la mi galera,
Dios te me guarde del mal...
...Allí habló el conde Arnaldos
Bien oiréis lo que dirá—
—Por Dios te ruego, marinero,
dígasme ora ese cantar—.
Respondiole el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
—Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.


 

Mi agradecimiento a Pepita, Benilde y José Herrera García, sobrinos de María Ignacia García Escobar; a Elena y Conchita Santisteban Cárdenas, y a Ana Cárdenas Montilla, amigas de María Ignacia, por sus testimonios; a Santiago Herráiz y a Alfonso Aguiló, por sus valiosas sugerencias; a Manuel Palencia Carrasco, profundo conocedor de la historia de Hornachuelos; a Constantino Anchel y a Benito Badrinas, Director de la Oficina de la Causas de los Santos de la Prelatura del Opus Dei en Madrid; a Mariano de Sanlúcar, del Archivo Histórico del Convento de los Capuchinos de Sevilla; a Carmen Fabra, de la Institución Teresiana; a Antonia Rubio Sandoval, Bibliotecaria de la Biblioteca Diocesana de Córdoba; a Miguel Forcada Serrano, Cronista Oficial de Priego de Córdoba.