Agradecimientos

 

Índice: Isidoro Zorzano

El autor agradece, de todo corazón, las abundantes ayudas que le han permitido llevar a cabo su trabajo.

En primer lugar, el acceso a la documentación proporcionado por el Archivo General y por la Postulación de la Prelatura del Opus Dei, en Roma; lo mismo que por parte de la Vicepostulación en Madrid.

También agradece, de modo señalado, a doña María Teresa Munárriz Zorzano (q.e.p.d.), sobrina de Isidoro, por su colaboración insustituible.

Es análogamente de justicia reseñar las facilidades de trabajo encontradas en el Archivo y en la Hemeroteca municipales de Madrid; en las bibliotecas Nacional, de la Bolsa de Comercio y del Banco de España; en los archivos de las parroquias madrileñas de San Miguel y San Justo, San Sebastián, Santiago, San Ginés y San José; así como en el de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y en el del Cuartel General del Ejército.

Manifiesta su gratitud, en La Rioja, a los archivos parroquiales de Nuestra Señora del Buen Suceso (Peñaloscintos), San Martín (Ortigosa) y Santa María de la Redonda (Logroño); al Archivo Municipal de Logroño; al del Colegio de San José de los Hermanos Maristas y al del Instituto «Práxedes Mateo Sagasta». También al Registro Civil de la capital riojana.

Quede constancia, igualmente, de la colaboración hallada por el autor en Málaga: en el Archivo Municipal (incluida su hemeroteca), así como en los de la Escuela de Ingenieros Técnicos, de la antigua Escuela Industrial y de la Catedral. Lo mismo que en otras instituciones, como la Sociedad Excursionista o la Casa del Niño Jesús.

En otras localidades españolas, también han prestado su apoyo el Archivo General Militar (Segovia) y el de la Parroquia de San Andrés (Navalmoral de la Mata, Cáceres).

Por lo que se refiere a Buenos Aires, merecen reconocimiento las facilidades recibidas por el autor en el Archivo General de la Nación; en la Biblioteca (y hemeroteca) Nacional; en el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos; en la Dirección de Migraciones y en los archivos parroquiales de San Miguel, Nuestra Señora de la Piedad y Nuestra Señora de Balvanera. También el Archivo General del Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas, de la Municipalidad de Buenos Aires, proporcionó la documentación solicitada. Sin olvidar la magnífica hospitalidad y apoyo por parte del Centro Universitario de Estudios (CUDES).

En cuanto a colaboraciones personales, son dignos de gratitud los parientes, amigos, compañeros, alumnos y subordinados de Isidoro, que -tanto en Argentina, como en La Rioja, Madrid y Málaga- proporcionaron informaciones y orientación. En su lugar se citan oportunamente los testimonios al autor, por parte de D. Ramón Alesanco, Dña. Angelita Altisent, Dña. María Enriqueta Cañada Zorzano, D. Francisco Cobos, D. Tomás Delgado Pérez de Alba, D. Santiago Escrivá de Balaguer, D. Andrés Félez, Dña. Ángeles Gómez Clavero, Dña. Carmen González Prados, D. Ramón Hernández Zorzano, D. Enrique Leal León, Dña. María del Carmen Lewin, Dña. Ángeles López, D. Ángel Martínez Hoyuelos, D. Adolfo Mendoza Noblejas, Dña. María Dolores Monserrate Mendoza, Dña. Carmen Nájera, Dña. María Luz Parra Aramendía, Dña. Feli Pérez García, las hermanas Elvira, Isabel y Olga Pérez Welschy, Dña. Victoria Prados, D. Matías Prats y Dña. Rafaela Vicente. (A estos nombres, que se citan, habría que añadir los de quienes también han facilitado informaciones de interés. Por ejemplo, Dña. Balbina Marín, D. Isaías García y su hermana Dña. Mercedes, D. Eduardo Gantes, D. Manuel Otaola, las esposas de D. Ricardo Pérez Calvet y D. Calixto García, o la hija de D. Manuel Avello.)

Muchas otras personas, sin aportar declaraciones propias, prestaron ayudas muy valiosas. Es el caso, en Buenos Aires, del licenciado Esteban Miller, que buscó documentos e hizo de guía eficaz para el autor; en Logroño, el doctor Fernando Pons; en Málaga, el doctor José Miguel Ponce. Un reconocimiento similar merecen el Rvmo. P. Luigi Favero (actualmente Superior General de los Misioneros de San Carlos), Dña. Carmen de la Hera, D. Sebastián Ferrer, D. José Ramón Sacristán, D. José Calderón, la Sra. Condesa de Artaza, D. Javier Arbaiza, D. Mariano Retegui, D. Agustín Robledo y tantos otros, cuya relación sería interminable.

El autor, por último, quiere destacar la generosa, entusiasta y eficacísima colaboración recibida de los doctores Josemaría Revuelta Somalo y José Antonio Pero-Sanz Elorz.