Paz. Surco

850. Fomenta, en tu alma y en tu corazón - en tu inteligencia y en tu querer- , el espíritu de confianza y de abandono en la amorosa Voluntad del Padre celestial... - De ahí nace la paz interior que ansías.


851. ¿Cómo vas a tener paz, si te dejas arrastrar - contra los "tirones" de la gracia- por esas pasiones, que ni siquiera intentas dominar?
El cielo empuja para arriba; tú - sólo tú : no busques excusas!- , para abajo... - Y de este modo te desgarras.


852. Tanto la paz, como la guerra, están dentro de nosotros.
No se puede llegar al triunfo, a la paz, si faltan la lealtad y la decisión de vencer en el combate.


853. Un remedio contra esas inquietudes tuyas: tener paciencia, rectitud de intención, y mirar las cosas con perspectiva sobrenatural.


854. Aleja enseguida de ti - si Dios está contigo!- el temor y la perturbación de espíritu...: evita de raíz esas reacciones, pues sólo sirven para multiplicar las tentaciones y acrecentar el peligro.


855. Aunque todo se hunda y se acabe, aunque los acontecimientos sucedan al revés de lo previsto, con tremenda adversidad, nada se gana turbándose. Además, recuerda la oración confiada del profeta: "el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Señor es nuestro Rey; El es quien nos ha de salvar".
- Rézala devotamente, a diario, para acomodar tu conducta a los designios de la Providencia, que nos gobierna para nuestro bien.


856. Si - por tener fija la mirada en Dios- sabes mantenerte sereno ante las preocupaciones, si aprendes a olvidar las pequeñeces, los rencores y las envidias, te ahorrarás la pérdida de muchas energías, que te hacen falta para trabajar con eficacia, en servicio de los hombres.


857. Aquel amigo nos confiaba sinceramente que jamás se había aburrido, porque nunca se había encontrado solo, sin nuestro Amigo.
- Caía la tarde, con un silencio denso... Notaste muy viva la presencia de Dios... Y, con esa realidad, qué paz!


858. Un saludo vibrante de un hermano te recordó, en aquel ambiente viajero, que los caminos honestos del mundo están abiertos para Cristo: únicamente falta que nos lancemos a recorrerlos, con espíritu de conquista.
Sí, Dios ha creado el mundo para sus hijos, para que lo habiten y lo santifiquen: ¿a qué esperas?


859. Eres extraordinariamente feliz. A veces, cuando te das cuenta de que un hijo de Dios le abandona, sientes - en medio de tu paz y de tu gozo íntimos- un dolor de cariño, una amargura, que ni turba ni inquieta.
- Bien, pero... a poner todos los medios humanos y sobrenaturales para que reaccione..., y a confiar con certidumbre en Jesucristo! Así, las aguas vuelven siempre a su cauce.


860. Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas - a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos- no salen a tu gusto... Porque habrán "salido" como le conviene a Dios que salgan.


861. Sigues teniendo despistes y faltas, y te duelen! A la vez, caminas con una alegría que parece que te va a hacer estallar.
Por eso, porque te duelen - dolor de amor- , tus fracasos ya no te quitan la paz.


862. Cuando se está a oscuras, cegada e inquieta el alma, hemos de acudir, como Bartimeo, a la Luz. Repite, grita, insiste con más fuerza, "Domine, ut videam!" - Señor, que vea!... Y se hará el día para tus ojos, y podrá s gozar con la luminaria que El te concederá .


863. Lucha contra las asperezas de tu carácter, contra tus egoísmos, contra tu comodidad, contra tus antipatías... Además de que hemos de ser corredentores, el premio que recibirás - piénsalo bien- guardará relación directísima con la siembra que hayas hecho.


864. Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser atinada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen.
- Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad.


865. Por caridad cristiana y por elegancia humana, debes esforzarte en no crear un abismo con nadie..., en dejar siempre una salida al prójimo, para que no se aleje aún más de la Verdad.


866. La violencia no es buen sistema para convencer..., y mucho menos en el apostolado.


867. El violento pierde siempre, aunque gane la primera batalla..., porque acaba rodeado de la soledad de su incomprensión.


868. La táctica del tirano es conseguir que riñan entre sí los que, unidos, podrían hacerle caer. - Vieja artimaña usada por el enemigo - por el diablo y por sus corifeos- , para desbaratar muchos planes apostólicos.


869. Esos..., que ven contrincantes donde sólo hay hermanos, niegan con sus obras su profesión de cristianos.


870. Con la polémica agresiva, que humilla, raramente se resuelve una cuestión. Y, desde luego, nunca se alcanza esclarecimiento cuando, entre los que disputan, hay un fanático.


871. No me explico tu enfado, ni tu desencanto. Te han correspondido con tu misma moneda: el deleite en las injurias, a través de la palabra y de las obras.
Aprovecha la lección y, en adelante, no me olvides que también tienen corazón los que contigo conviven.


872. Para que no me pierdas la paz, en aquellos tiempos de dura e injusta contradicción, te recordé : "si nos abren la cabeza, no le daremos mayor importancia: será que debemos llevarla abierta".


873. Paradoja: desde que me decidí a seguir el consejo del Salmo: "arroja sobre el Señor tus preocupaciones, y El te sostendrá ", cada día tengo menos preocupaciones en la cabeza... Y a la vez, con el trabajo oportuno, se resuelve todo, con más claridad!


874. Santa María es - así la invoca la Iglesia- la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma, el ambiente familiar o el profesional, la convivencia en la sociedad o entre los pueblos, no ceses de aclamarla con ese título: "Regina pacis, ora pro nobis!" - Reina de la paz, ruega por nosotros! ¿Has probado, al menos, cuando pierdes la tranquilidad?... - Te sorprenderás de su inmediata eficacia.