El rezo del Breviario

Entrevista sobre el fundador del Opus Dei. Álvaro del Portillo

–Ha aludido al rezo del Breviario. ¿Podría añadir algo?

–Nunca lo retrasaba, por ningún motivo. A este propósito me acuerdo de lo que sucedió hacia 1942 ó 1943. Nuestro Fundador estaba enfermo y, aunque tenía una fiebre muy alta, quería recitar el oficio divino. Le dije que en aquellas condiciones no tenía obligación de hacerlo, pero me replicó: Mira, tú no puedes decir esto porque todavía no eres sacerdote, y yo no quiero obrar sin un consejo autorizado. Por lo tanto, hazme el favor de llamar por teléfono a don José María Lahiguera, que es mi confesor; expón la situación, y haré lo que él mande. Así lo hice, y don José María me respondió que el Padre no estaba obligado a rezarlo, después de hacerme varias preguntas sobre la fiebre, el tipo de molestias, etc., que me sorprendieron porque para mí la solución era evidente desde el primer momento. Nuestro Fundador decidió entonces recitar otras oraciones vocales que sabía de memoria. Años después, a causa de la diabetes, perdió mucha vista, tanto que no podía casi ni leer: la diplopía le hacía ver las letras dobles y desdibujadas. Entonces nos pidió a don Javier Echevarría y a mí que rezáramos en voz alta el Oficio divino, para poder unirse a nuestra oración.