Obsequium se praestare Deo

 

Entrevista sobre el fundador del Opus Dei. Álvaro del Portillo

–Usted habla genéricamente de "religiosos", y lo refiere con expresiones análogas a las del Fundador. Pero se trataba de personas muy concretas, y sabemos que procedió de la iniciativa de un jesuita. De aquí los comentarios sobre una supuesta enemistad entre el Opus Dei y la Compañía de Jesús.

–No se debe generalizar. La campaña calumniosa partió, efectivamente, de un jesuita que en aquel tiempo era muy influyente dentro y fuera de la Compañía, pero que, años después, abandonó el estado religioso y acabó apostatando de la Iglesia. El Padre intentó, desde el primer momento, hacerle comprender la naturaleza de nuestro trabajo, le perdonó de todo corazón y procuró luego ayudarle a través de miembros de la Obra, cuando estaba fuera de la Iglesia. Para hablar de ésta y de otras persecuciones que siguieron, utilizó siempre una frase de Santa Teresa: "la contradicción de los buenos", y aplicó a los perseguidores el evangélico obsequium se praestare Deo (Ioh, 16,2), "pensando que agradaban a Dios". Consideraba las contrariedades como una ocasión para purificarse y, al ver que procedían de personas pertenecientes a antiguas y gloriosas instituciones de la Iglesia, afirmaba que Dios quería servirse de un bisturí de platino.

Sobre sus relaciones con la Compañía de Jesús, respondió el propio Fundador en una entrevista concedida al corresponsal del New York Times, el 7 de octubre de 1966: En cuanto a la Compañía de Jesús, conozco y trato a su General, el Padre Arrupe. Puedo asegurarle que nuestras relaciones son de estima y de afecto mutuo.

Tal vez haya encontrado usted a algún religioso que no comprende nuestra Obra; si es así, se deberá a un equívoco o a una falta de conocimiento de la realidad de nuestra labor que es específicamente laical y secular y no interfiere para nada en el terreno propio de los religiosos. Nosotros no tenemos para todos los religiosos más que veneración y cariño, y pedimos al Señor que cada día haga más eficaz su servicio a la Iglesia y a la humanidad entera. No habrá nunca una pelea entre el Opus Dei y un religioso, porque hacen falta dos para pelear y nosotros no queremos luchar con nadie (Conversaciones, núm. 54).

Ésta fue su norma de conducta constante, y continúa siendo la nuestra.