Kenya

Mientras tanto, la labor apostólica del Opus Dei iba extendiéndose por todo el mundo. A lo largo de aquellos años el Padre fue enviando a muchos miembros del Opus Dei a abrir brecha en numerosas naciones de los cinco continentes.

Comenzaban como podían: no era una novedad para nosotros empezar sin medios materiales. En 1945 se había comenzado en Portugal; un año después en Inglaterra, y al año siguiente en Irlanda y en Francia. Dos años más tarde, en 1949, junto con México, se comenzó en Estados Unidos. En 1950 se comenzó en Chile y Argentina. En 1951 fueron los primeros a Venezuela y Colombia; en 1952 se comenzó en Alemania; en 1953 tocó el turno a Perú y Guatemala; en 1954 se inició la labor en Ecuador; en 1956, en Suiza y Uruguay; en 1957 se dieron los primeros pasos en Austria, Brasil y Canadá; en 1958 se fue a El Salvador, Kenya y Japón; en 1959 a Costa Rica. Y en 1960, a Holanda...

Como consecuencia de esa expansión, fruto del apostolado personal, fueron creciendo las iniciativas apostólicas corporativas -universidades, colegios, escuelas para campesinos, dispensarios para gentes modestas, labores de promoción humana y social- y Dios fue bendiciendo esa siembra con abundantes vocaciones. Recibíamos frecuentemente cartas del Padre que nos orientaba y alentaba desde Roma, mientras daba gracias a Dios por los frutos de santidad que el espíritu del Opus Dei suscitaba en todo el mundo.

Relatar todo esto sería materia de otro libro. Citaré sólo un ejemplo de ese desvelo por una labor concreta, que viví muy directamente. A principios de octubre de 1958, recibí en México una carta del Padre comunicándome que me necesitaba permanentemente en Roma. Esto me suponía dejar México país al cual -como sabía el Padre- me unían tantos y tan estrechos lazos afectivos. Una vez en Roma, lo primero que me encargó el Padre fue ir a Kenya durante unas semanas, para hablar con Mons. Gastone Mojaisky Perreli que entonces era el Delegado Apostólico de los diversos dominios británicos del Este de Africa.

Mons. Mojaisky se había encontrado al llegar a Kenya ante a un pavoroso problema educativo: los estudiantes africanos y los hijos de los numerosos emigrantes de origen asiático no tenían posibilidades de realizar estudios universitarios. Al acabar la enseñanza secundaria se encontraban con un cuello de botella: el sistema educativo británico les exigía dos años de enseñanza intermedia entre la secundaria y la universitaria; y esos dos años debían cursarse en centros especiales, oficialmente reconocidos, que de hecho no existían en el Este de Africa.

Los europeos podían enviar a estudiar a sus hijos a la metrópoli, pero esta solución resultaba prohibitiva, por tantas razones, para los nativos, así como para los goeses, paquistaníes y otros asiáticos que vivían en Kenya. Al percatarse de esa situación, lo primero que se le ocurrió a Mons. Mojaisky fue escribir una carta al Padre, pidiéndole que el Opus Dei fundara un Centro para resolver este problema.

La petición de Mons. Mojaisky encontró una rápida acogida y el Padre envió a aquel país a varios miembros del Opus Dei, buenos conocedores del sistema educativo y de las leyes inglesas. En concreto, Mons. Mojaisky había pedido que la Obra comenzase una Universidad en Kenya; pero después de estudiar la situación sobre el poprio terreno, pareció que lo que mejor respondía a las necesidades más urgentes del país era un college universitario, y así nació el actual Strathmore College en Nairobi.

En uno de los viajes que hice por entonces a Kenya, el Padre me sintetizó las premisas de las que debía partir esa importante institución educativa:

-Primero: el college debía ser interracial. Es decir, había que procurar que, desde el principio, no fuera un Centro exclusivo para un grupo étnico, y en él convivieran, se trataran y se quisieran entre sí las diversas razas. Esto era algo verdaderamente revolucionario en aquellos momentos en que vivían en Kenya unos 200.000 asiáticos y más de 50.000 europeos.

-Segundo: el college debía estar abierto a los estudiantes no católicos y no cristianos. No debía haber otro criterio de selección que el justamente académico.

-Tercero: había que aclarar desde el principio el carácter secular de los miembros del Opus Dei y explicar a las autoridades que no se trataba de un colegio misional y que el profesorado no estaba integrado por misioneros, sino por profesionales seglares, con sus correspondientes grados académicos, que ejercían libremente sus respectivas profesiones.

Cuarta -y última- condición: los estudiantes debían pagar parte de sus matrículas, aunque sólo fuera una cantidad simbólica, porque los hombres -dijo el Padre- no aprecian ni se toman en serio lo que reciben como limosna, cosa que además les humilla y les crea complejos.

No es momento de relatar las vicisitudes de los comienzos de Strathmore College, ni las dificultades que tuvo que superar Kianda, una obra corporativa para jóvenes africanas, promovida por mujeres del Opus Dei. El Padre rezó mucho, ofreció muchos sacrificios y dedicó muchas horas de estudio a estas labores, mucho antes que pudieran comenzar a impartirse las enseñanzas en Strathmore. Sólo quiero recordar que, si Strathmore se convirtió, poco después, en el primer Centro interracial de enseñanza -sin discriminación alguna- del Este de Africa, se debió muy directamente a los desvelos de nuestro Fundador.

Pasaron los años y pude tratar a varios antiguos alumnos de Strathmore College que cursaron Medicina, Ingeniería, Arquitectura, etc., en las universidades de Roma, Padua, Palermo y Navarra. Muchos me relataron su asombro cuando constataron que en Strathmore, en un momento de fuertes tensiones raciales, no había, como enseñaba el Padre, más raza que la raza de los hijos de Dios.

 

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