Isidoro

Un año antes, el 15 de julio de 1943, en la víspera de la fiesta de la Virgen del Carmen, había fallecido Isidoro Zorzano, tras una penosa enfermedad que supo llevar ejemplarmente, ofreciendo sus sufrimientos por los futuros sacerdotes del Opus Dei.

Isidoro fue un puntal de la Obra, muy especialmente durante el tiempo que duró la guerra civil. Yo conviví con él en diversas ocasiones: coincidimos en las últimas semanas de la Residencia de Ferraz, cuando él ya se había trasladado de Málaga a Madrid. Luego conviví con él durante todo un año, primero en el Centro de la calle Jenner, número 6 y luego en los primeros meses del Centro de Diego de León. Posteriormente, volví a coincidir con él en otro Centro cuando se encontraba ya en la fase terminal de su enfermedad.

Isidoro era un hombre ejemplar. Fue el primer administrador general del Opus Dei y tuvo que afrontar muchos apuros económicos. Cuando cayó enfermo, durante el tiempo que pasó en un sanatorio llevado por religiosas, el Centro de la calle Núñez de Balboa era el más próximo al Sanatorio y por eso los que vivíamos en aquel Centro pudimos acompañarle más, y nos turnábamos con mayor facilidad que los que vivían en lugares más distantes. Quedamos edificados por su ejemplo, tanto anteriormente, cuando tenía salud, como entonces, cuando tuvo que afrontar los padecimientos de la enfermedad y la agonía. Vimos cómo puede vivir, trabajar y morir santamente un miembro del Opus Dei. El Padre prodigó su cariño y sus atenciones con este hijo suyo y tuvo la alegría de ver cómo la Iglesia abría, pocos años después, la Causa de beatificación de este hombre bueno y fiel.

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