Visión universal

Hay que aludir ahora, aunque sea brevemente, a los sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Desde hacía varios años, siguiendo un plan aprobado por el Obispo de Madrid, Alvaro del Portillo, José María Hernández de Garnica y José Luis Múzquiz se preparaban intensamente para el sacerdocio, aunque el Padre ignoraba todavía cuándo y con qué título podría tener lugar la ordenación sacerdotal. Rezaba y pedía luces al Señor para encontrar una solución que le permitiera compaginar el carácter secular y laical propio del Opus Dei con la adscripción de los sacerdotes necesarios para el servicio de un apostolado universal.

Aquella situación de incertidumbre se resolvió al cabo de pocos años después de buscar y no encontrar la solución jurídica, como nos diría más tarde. La mañana del 14 de febrero de 1943, Dios le dio la solución, precisa y clara, mientras celebraba la Santa Misa en un Centro de mujeres del Opus Dei de la calle Jorge Manrique, donde estuvo el primer Sagrario de un Centro de mujeres del Opus Dei. Al acabar de celebrar la Misa dibujó el sello de la Obra en una hoja de su agenda -la Cruz de Cristo abrazando el mundo, metida en sus entrañas- y a partir de aquel momento pudo hablar de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.

Después fue a desayunar al Centro de Villanueva, donde yo vivía entonces. Encargó a Ricardo Fernández Vallespín que dibujara bien el sello de la Obra que había trazado poco antes en su agenda, con compás y tinta china; y al día siguiente fue en coche a un hotelito de la sierra de Guadarrama, donde estaban estudiando intensamente los primeros ordenandos: deseaba hablar cuanto antes con Alvaro del Portillo, que era Secretario General del Opus Dei.

La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz era la solución que había buscado durante mucho tiempo, sin encontrarla. Respondía plenamente a la luz que había recibido el 2 de Octubre de 1928, en la que había visto el Opus Dei, con seglares y sacerdotes en íntima cooperación.

Con la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz -a cuyo título se ordenarían los nuevos sacerdotes del Opus Dei y que formaría parte integrante e inseparable de la Obra- se hacía posible la ordenación sacerdotal de algunos laicos del Opus Dei, que podrían asistir espiritualmente al resto de los miembros y atender las actividades apostólicas promovidas por ellos.

La ordenación sacerdotal de los tres primeros tuvo lugar el 25 de junio de 1944, de manos del Obispo de Madrid, Mons. Eijo y Garay, que tanto quería y apreciaba a nuestro Fundador. El Padre y todos estábamos conmovidos por aquel paso tan trascendental que se daba en el desarrollo de la Obra. Monseñor Eijo sabía que el Padre, por humildad, no iba a estar presente en la Misa de ordenación. Quiso entonces hacerse presente él, invitándose a comer con el Padre y los tres nuevos sacerdotes en la casa de Diego de León.

Durante la ordenación, el Padre permaneció en nuestro Centro de Diego de León, celebrando la Santa Misa y rezando por los ordenandos, fiel a su lema: ocultarme y desaparecer es lo mío, que sólo Jesús se luzca. Al día siguiente -nos contó tiempo después el Padre- quiso confesarse con don Alvaro del Portillo, que recibía por primera vez una confesión y que a partir de aquel momento y durante toda su vida sería su confesor habitual.

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