En la fiesta de la Virgen del Pilar

El Padre seguía preocupado por los de Madrid. Isidoro nos seguía enviando noticias de los que permanecían refugiados en la Legación de Honduras y en la Embajada de Noruega, y nos informaba de como se encontraban la Abuela, Carmen y Santiago. Esas cartas recorrían un complicado itinerario: viajaban primero de Madrid a Francia, y desde Francia nos las enviaban a Burgos. Con todo, las cartas no eran tan frecuentes como hubiera deseado el Padre y los correos eran lentos. Un día Dios hizo ver al Padre con plena claridad que algunos de los que estaban en Madrid -entre ellos Alvaro del Portillo y Vicente Rodríguez Casado- se pasarían a la otra zona el 12 de octubre de 1938, fiesta de la Virgen del Pilar. El Padre nos lo dijo con varios días de anticipación.

Yo interpreté sus palabras simplemente como un vivo deseo de que eso ocurriese y como una petición a Nuestra Señora. Pero el Padre estaba tan seguro de que iba a suceder así que visitó a la madre de Alvaro del Portillo, Doña Clementina Diez de Sollano, que estaba en Burgos, para comunicarle:

-El día doce -le aseguró- se pasa tu hijo.

También por una especial inspiración del Señor lo supo -en Madrid- Isidoro Zorzano cuando hacía un rato de oración en su cuarto, frente al crucifijo. Hasta ese día les había recomendado que esperaran, porque mucha gente había muerto en el intento. Durante aquel rato de oración "supo" también que el día 12 alcanzarían el otro lado.

Poco después Alvaro del Portillo, Vicente Rodríguez Casado y Eduardo Alastrué se alistaron en el Ejército Republicano, y tras una serie de peripecias, realmente providenciales, en las que se advertía claramente la ayuda del Señor, llegaron a Cantalojas, un pueblo "del otro lado", mientras repicaban gozosamente las campanas en honor de la Virgen del Pilar.

Yo esperaba el día 12 con impaciencia y cuando volví aquella tarde al Hotel Sabadell vi que no había llegado nadie. Lo sentí por la frustración y la preocupación que el Padre pudiera tener; sin embargo no la tenía: aunque a mí me parecía inverosímil, el Padre estaba seguro de que habían logrado su objetivo. El día 13 el Padre seguía contento y feliz, y nos decía que estuviésemos atentos para recibirlos cuando llegasen. Al día siguiente nos dijo, como recuerda Paco: ya os avisaré al Cuartel, cuando lleguen.

Ese mismo día, 14 de octubre, llamó el Padre a Paco por teléfono:

-Ya han llegado, venid.

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