Noticias

Como antes de la guerra, el Padre seguía poniéndose en contacto desde Burgos con los miembros de la Obra y los chicos que trataba en Madrid, mediante las páginas de Noticias, que confeccionábamos con los escasos medios a nuestro alcance. ¡Ya nos hubiera gustado disponer del velógrafo que teníamos en Ferraz!

A falta de velógrafo, tuvimos que conformarnos con una máquina de escribir portátil que compramos a bajo precio en una tienda de los soportales de la Plaza Mayor, que entonces se llamaba de José Antonio. Era un modelo antiquísimo, marca Corona, con el que sólo se podía marcar cada vez el original y un par de copias. Eso significaba que había que escribir muchas veces con ese un curioso cacharro cada uno de los ejemplares, hasta lograr el número total de copias previstas.

He designado aquello como curioso cacharro, porque realmente era un aparato bastante peculiar: cada tecla tenía tres signos: un signo con las letras minúsculas, otro con las mayúsculas y un tercero con los paréntesis, admiraciones, números, punto y coma, etc. Cuando marcábamos estos terceros signos, el carro de la máquina se levantaba seis u ocho centímetros; y para guardar este artefacto en su estuche, había que desplegar el carro sobre el teclado, que giraba sobre unas charnelas. Pues bien, con este instrumento de museo se escribió, ya en la pensión de Santa Clara, el primer número de Noticias durante la guerra y luego, ya en el Hotel Sabadell, todos los demás.

Recuerdo unas palabras que dedicó el Padre en aquel primer número a mi viejo amigo Ignacio de Landecho, con el que ya habíamos podido establecer contacto: LANDECHO, Ignacio. Sabemos muchas cosas de este gran hombre, pero no las queremos decir hasta que vuelva a escribir otra carta de seis pliegos.

En ese primer número aludió también a Carlos Aresti, un residente de Ferraz. Le habían herido gravemente y el Padre viajó a Bilbao para atenderle. Llegó a tiempo para confortarle espiritualmente. Falleció enseguida. ¡Murió Aresti!, escribía con gran pena el Padre, que contaba cómo le reconoció y que, a pesar de estar moribundo, tuvo ánimos para sonreír. ¡Cómo nos ayudará desde el Cielo!

El ejemplar que enviamos en abril de 1938 iba encabezado por estas palabras del Padre: Muy contento de vosotros -de todos- por el calor de familia que ponéis en vuestro trabajo. Desde pueblos- grandes y chicos- de los frentes de Jaca, Huesca, Teruel, Albarracín, Guadalajara, Madrid, Avila, Andalucía- y desde los barcos de la Escuadra, llegan vuestras cartas: con idéntica vibración, con preocupaciones comunes y con el mismo sobrenatural y alegre optimismo. ¡Dios os bendiga!

Seguía a continuación una larga enumeración de noticias sobre unos y otros, donde se mezclaban, entre bromas y veras, los consejos espirituales y el aliento apostólico. "El Doctor JIMENEZ VARGAS -se lee, aludiendo al estilo epistolar de Juan- escribe íntimo, tajante, rotundo. Escribe a los amigos poniéndoles inyecciones de decisión y eficacia! (...) ¡Cuánto hace que no sabemos nada de LAHUERTA! Con lo que nos interesan sus noticias!".

En ese número se aludía de nuevo a mi amigo Ignacio de Landecho, y a la carta que nos había escrito anteriormente, y le daba ánimos: "Nos cuenta los sufrimientos por los que ha pasado y pasa su familia, impulsos para una elevación del corazón más alta, más ágil que las subidas que ya conocemos de LANDECHO. ¡Arriba! ¡Arriba!". (Ese ¡arriba! evocaba la conocida aptitud de Ignacio para trepar edificios por la fachada).

¡Pobre Ignacio! Quizá, si el Señor no se lo hubiera llevado siendo todavía muy joven, Dios le hubiera dado la vocación a la Obra.

Seguimos trabajando -como es natural y como es sobrenatural-, escribía el Padre por aquel entonces, con el mismo empeño de siempre. ¡Diez años de trabajo! Dentro del undécimo, que comenzará pronto, Jesús y yo esperamos mucho de vosotros. Ahora mismo en el cuartel, en la trinchera, en el parapeto, en el forzoso descanso del hospital, con vuestra oración y vuestra vida limpia, con vuestras contradicciones y vuestros éxitos, ¡Cuánto podéis influir en el impulso de nuestra Obra! Vivamos una particular comunión de los santos; y cada uno sentirá a la hora de la lucha interior, lo mismo que a la hora de la pelea con las armas, la alegría y la fuerza de no estar solo.

El impacto espiritual de estos ejemplares de Noticias era muy grande. El Padre ponía siempre unas letras personales, más o menos extensas, según los casos, pero -como comentó alguna vez- diciéndole a cada uno una cosica. Paco y yo también escribíamos a unos y a otros, y metíamos los ejemplares dentro de los sobres. José María experimentaba una gran satisfacción cada vez que llevaba a Correos un buen paquete de cartas y contemplaba cómo, tras pasar la obligatoria censura de guerra -aunque casi nunca las abrían-, las engullía el buzón de bronce con forma de boca de león de la fachada del edificio de Correos.

El Padre recogió textualmente en Camino las palabras de uno de aquellos muchachos al recibir Noticias: La carta me cogió en unos días tristes, sin motivo alguno, y me animó extraordinariamente su lectura, sintiendo cómo trabajan los demás". -Y otro: "Me ayudan sus cartas y las noticias de mis hermanos, como un sueño feliz ante la realidad de todo lo que palpamos...". -Y otro: "¡Qué alegría recibir esas cartas y saberme amigo de esos amigos!". -Y otro y mil: "Recibí la carta de X, y me avergüenza pensar en mi falta de espíritu comparado con ellos". ¿Verdad que es eficaz el "apostolado epistolar"?

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