La naturalidad de lo sobrenatural

No había nada en la conducta del Padre raro o extraño; todo lo contrario: como recuerda Paco, el Padre rezumaba naturalidad por los cuatro costados. Tenía la "naturalidad de lo sobrenatural" característica de los hombres de Dios. Los que le rodeábamos procurábamos respetar su pudor para que, cuando se producía algo de carácter sobrenatural, se trasluciera externamente lo menos posible. Además el Padre nos recordaba con frecuencia que nuestra santidad se encontraba en lo ordinario y que no necesitábamos hechos singulares para fortalecer nuestra fe en el carácter sobrenatural de la Obra.

Sin embargo, Dios quería que de vez en cuando lo sobrenatural se hiciera presente en su vida. Algunos años antes, un día, en mitad de la calle y a plena luz, un desconocido hizo ademán de golpearle y otro desconocido -tan misterioso como el primero-, le defendió eficazmente; y al acabar de librarle de aquel peligro, se inclinó hacia él y le repitió dos palabras: "burrito, burrito".

En aquel tiempo, salvo su director espiritual, nadie sabía que el Padre se autodenominaba, en sus Apuntes íntimos, con ese apelativo: "burrito". "Burrito sarnoso", añadía, en su humildad.

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