Iniciativas apostólicas de los miembros del Opus Dei

 

Juan Pablo II en el Centro ELIS
Enero de 1984.

Lo habían escrito los periódicos en los días precedentes. Juan Pablo II va a realizar una visita pastoral noticiable, tanto porque el Tiburtino, en Roma, tiene fama de barrio difícil, cuanto porque allí se encuentra un Centro del Opus Dei, el ELIS, y una parroquia confiada a sacerdotes de la Prelatura.

Poblado en pocos años por más de treinta mil personas llegadas en aluvión de otras regiones más pobres, el Tiburtino es un barrio de edificios baratos. Sus habitantes son, en un 80%, familias de obreros, de mayoría comunista, donde el paro, la droga y la delincuencia constituyen un grave problema.

Pero la parroquia y los Centros de la Obra han sido en estos años un aglutinante de la buena voluntad, una realidad del barrio y para el barrio, querida y respetada por todos. Y el barrio entero se volcó con el Papa en aquella tarde de enero.

"Deseo dirigir un particular saludo -dijo Juan Pablo II en la homilía de la Misa que celebró ante miles de personas-, a los directores y alumnos del Centro ELIS, los cuales, con su obra de promoción humana y social, hacen fecundo el terreno de todo el barrio, de modo que allanan el camino a la acción pastoral de la parroquia. Este Centro es un claro testimonio del interés de la Iglesia por las clases trabajadoras. Como dijo Pablo VI el día de la inauguración, ésta "es una obra del Evangelio, es decir, enteramente encaminada al beneficio de quienes la frecuentan. No es un simple albergue, ni un simple taller, ni una simple escuela, ni un campo deportivo cualquiera: es un Centro donde la amistad, la confianza, la alegría forman la atmósfera; donde la vida tiene una dignidad, un sentido, una esperanza; es la vida cristiana, que aquí se afianza y desarrolla (...)" ".

Pablo VI: "Aquí todo es Opus Dei"

Me encontraba en Roma, en noviembre de 1965, cuando Pablo VI visito con detenimiento y cariño el Centro ELIS y pude recordar con precisión, gracias a lo escrito entonces, una historia esclarecedora.

Detrás del Centro Internazionale della Gioventú Lavoratrice, también llamado Centro ELIS, había tres Pontífices y mucho esfuerzo. Lo imaginó Pío XII, al destinar los fondos de la colecta organizada con motivo de su ochenta cumpleaños para "una obra social". Lo puso en marcha Juan XXIII, encomendando al Opus Dei la realización y la dirección del proyecto. Y lo convirtió en vida el mismo Opus Dei, que había aceptado "con particular agradecimiento el gustoso encargo" -son palabras del Fundador-, bajo los animosos auspicios de Pablo VI, el Papa que lo iba a inaugurar cuando ya la primera piedra era un recuerdo lejano.

¿Recuerdo?... Los protagonistas se mueven incesantemente de un lado a otro la víspera de la visita de Pablo VI. Aquel, que es ingeniero, arrastra cables de alta tensión. Este, que es arquitecto, recoge del suelo, para desmenuzarla entre los dedos, la colilla abandonada por el visitante descuidado. Ese, que es albañil, da instrucciones sobre el mejor modo de colocar una valla. Aquel, que es abogado, acaba de pintar unas tablas. El otro, que es electricista, pregunta al ingeniero si está bien puesto el foco. Aquellos muchachos, con mono o con corbata, llevan sillas, arrastran carretillas, cubren con tierra los charcos, dan martillazos, cuelgan cuadros o dirigen el tráfico de los que vienen o se van. Algunos serán soldadores o torneros, otros estudiarán segundo de Filosofía o cuarto de Químicas, otros serán empleados de Seguros o dependientes... El caso es que, mientras cae la noche del sábado sobre este descampado periférico del barrio Tiburtino, semillero de votos comunistas, todo el mundo está haciendo algo aquí y nadie es espectador ni curioso. Por eso entiendo de golpe, observando lo que veo, esa gran transformación individual que es el presupuesto necesario de cualquier "nueva frontera" social.

Así empezó "el Tiburtino", sin espectadores, sin curiosos y sin decidores. Había unos terrenos allá lejos, en la neorrealista periferia romana, donde se desmontaban los coches robados y donde la geometría de los edificios de nueva planta era solo un presentimiento. Había también un puñado de hombres -pocos, como siempre- con la idea clara de que aquello había que hacerlo pronto y bien, creando ya el ambiente desde los cimientos... Y había, sobre todo, pocas ganas de teorizar y muchas ganas de hacer.

La novedad en la barriada duró poquísimo, al menos como cosa extraña. La familia de los arquitectos, ingenieros, capataces, obreros y peones, unidos por el hormingón de la común empresa, fue el epicentro de un entusiasmo contagioso que acabó difundiéndose a la redonda. Ni ambiente hostil, ni nada que se le parezca. Allí había que arrimar el hombro como Dios manda y dejarse de dar consejos o de perder el tiempo con la retórica. ¿No eran todos trabajadores, desde el ingeniero hasta el pinche?... Pues, a demostrarlo, si querían que aquel Centro prosperase con sus escuelas profesionales, con su residencia, con su biblioteca, con sus instalaciones deportivas e incluso con una parroquia próxima, la de San Juan Bautista, toda nueva y limpia.

Fue así como "el Tiburtino" -el Centro arrampló pronto con el nombre del barrio entero- entró en funcionamiento con un espíritu de familia, de empresa y de obra social que era, al mismo tiempo, la causa y el efecto de la renovación individual producida por un nuevo tipo de relación basada en una solidaridad auténtica y en una responsabilidad concreta.

Todos sentían, desde luego, que se trataba de cosa suya: los que trabajaban en su construcción y los que se acercaban a dar una mano; los que tiraban de plano y los que amasaban cemento; los que hacían números en el barracón y los que daban a la paleta encima de un andamio; los que lo vivían y los que lo oían contar en sus casas o en la "trattoria". No era posible hablar de clases sociales en aquel ambiente de trabajo, en el que nadie escurría el bulto y en el que bastaba un descuido del visitante curioso para encontrarse con una pala en la mano.

Decir que el Centro empezó a funcionar desde que se colocaron los cimientos es describir exactamente lo ocurrido. No se trataba de hacer algo nuevo y grandioso para regalarlo una vez acabado, sino de crear entre todos, con los medios a disposición y con los que fuesen llegando, algo propio que llevase los latidos de la vida real. De este modo, cambiando sobre la marcha lo que había que cambiar, los arquitectos y los ingenieros consiguieron una armonía entre lo bello y lo útil que les valió el premio del Instituto Nacional de Arquitectura por la mejor "gestión constructora". Y de este modo, fue naciendo también, con el talante familiar y digno del Centro, la experiencia necesaria para la formación individual y social de unos muchachos que propagarían su estilo con sólo hacer bien lo que aprendían haciendo.

El Centro ELIS acogía entonces, entre internos y externos, a trescientos jóvenes de todas las regiones de Italia y de otros países. Se fue poblando gradualmente al ritmo de las construcciones, y eran ya muchos los jóvenes que guardaban cola en su amplia esfera de influencia. Desde 1965, han pasado por la residencia más de 2.000 jóvenes, entre 15 y 22 años. En el Albergue de Juventud hay sitio para doscientos, divididos en grupos de dieciséis con el fin de conseguir un ambiente familiar ("una casa en la casa"), que prepare con más calor para el vivir social, y en la hospedería pueden alojarse temporalmente unos 150 huéspedes (obreros y técnicos de paso por Roma por motivos de trabajo, estudio, reuniones sindicales, etc.).

Allí se afrontan directamente, con métodos modernos y abiertos, dos grandes problemas actuales: el de la cualificación de la mano de obra y el de la emigración interior y exterior. Hay escuelas de formación y perfeccionamiento para torneros, soldadores, ajustadores mecánicos, diseñadores técnicos, etc., con enseñanza diurna y nocturna, que han formado a más de 4.000 obreros especialistas. Hay una escuela femenina de hostelería, que atiende, con plena independencia, a las necesidades de las instalaciones de todo el complejo. Tiene una capacidad para sesenta chicas, y su centro cultural ha sido frecuentado ya por más de 3.000 estudiantes y trabajadoras romanas. Desarrolla cursos de cualificación profesional para la industria hotelera o para el trabajo en hogares de familia, sobre dietología, puericultura, economía doméstica, pedagogía familiar, etc. Hay una biblioteca bien nutrida en los sectores del mundo del trabajo, abierta no sólo para los alumnos internos y externos, sino también para todo el barrio. Hay cursos de información técnica y ciclos de "conversaciones" sobre los temas de mayor actualidad. Hay un restaurante y locales de descanso para los obreros que trabajan en las cercanías. Hay instalaciones deportivas, con cursos de gimnasia y "Escuelas" de los distintos deportes. Hay reuniones con las familias de los alumnos externos para promover una eficaz colaboración en la formación humana y profesional de todos los jóvenes...

En todas sus iniciativas -me decía un profesor- los chicos se encuentran y trabajan entre ellos en un clima de recíproco respeto, por encima de las diferencias de extracción social, de procedencia nacional, de intereses culturales, para lo cual la unidad de medida de sus relaciones humanas viene dada por la lealtad que los une y los mantiene juntos. De aquí procede, como resultado natural de la unidad de vida de los jóvenes, la colaboración de todos y de cada uno en el mejoramiento del Centro, en el que todos encuentran su sitio porque sienten como cosa propia el trabajo de todos.

Aquí -comentaba un chaval de Perugia- todos somos amigos. Somos una gran familia y no hay distinciones, ni por profesión ni por edad.

Aquí -añadía otro de Cagliari -estamos entre obreros, se habla de trabajo y nos entendemos a la primera.

Aquí -concluía uno de los jóvenes universitarios que dedican al Centro gran parte de su tiempo- hay posibilidad de realizar con los hechos todos los deseos de compromiso social que uno tenga.

Por eso no sorprendió a nadie la alegría y la detención con que Pablo VI visitó todas las dependencias del Centro ELIS aquella tarde del 21 de noviembre de 1965, el emocionado discurso del Papa en aquella ocasión y el abrazo que le dio a Mons. Escrivá de Balaguer al despedirse, mientras afirmaba:

"Aquí todo es Opus Dei".

Y el propio Fundador se lo había hecho observar al Pontífice en el saludo que le dirigió en italiano casi al final de la visita:

"En este ambiente sereno y alegre, similar al de todas las actividades que el Opus Dei desarrolla, por gracia de Dios, en todo el mundo, procuramos, Beatísimo Padre, que se respire un clima de libertad en el que todos se sientan hermanos, bien lejos de la amargura que proviene de la soledad o de la indiferencia. Un clima en el que aprenden a apreciar y a vivir la mutua comprensión, la alegría de una convivencia real entre los hombres. Amamos y respetamos la libertad, y creemos en su valor educativo y pedagógico. Estamos convencidos de que en un clima así se forman almas con libertad interior, y se forjan hombres capaces de vivir responsablemente la doctrina de Cristo, de poner en práctica virilmente la fe, de practicar con alegría la obediencia interior y devota a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia -entre las que ocupan un lugar destacado las de su doctrina social-, capaces de amar con todo su corazón y con todas sus fuerzas a la Iglesia de Dios y al Romano Pontífice".

Cinco horas romanas

Este mismo amor y espíritu de servicio a la Iglesia y al Papa se palpaban el 15 de enero de 1984, cuando Juan Pablo II, acompañado por el Cardenal Vicario, Ugo Poletti, y el Obispo auxiliar del sector, Mons. Plotti, visitó el Centro ELIS. El Vicario de Cristo -como ya dije- no sólo celebró una Misa al aire libre para miles de habitantes del Tiburtino, sino que recorrió detenidamente las instalaciones, se entretuvo con los catequistas de la parroquia de San Juan Bautista al Collatino, etc. Miguel Castellví estuvo presente, y lo ha contado de este modo:

"El hombre estaba en el campo de fútbol, donde poco después Juan Pablo II iba a celebrar la Misa para los habitantes del Tiburtino, uno de los barrios más populares de Roma. Sentado en su silla de tijera, como ensimismado, absorto a pesar del bullicio general. Era uno entre tres mil. Se le veía muy emocionado. Me dirigí a él. "¡Si usted hubiera visto esto hace unos años...!", dijo. "¡Cómo ha cambiado este barrio!".

"La fama del ELIS es merecida: el 95 por 100 de los alumnos consiguen colocación en el plazo de un año. No sólo esto, dicen los responsables del centro, sino que hay fábricas que "fichan" con anticipación a los jóvenes que siguen los cursos. Es el caso de la Selenia, una empresa electrónica, o la Alitalia. Un profesor me cuenta la siguiente anécdota: "Un ex alumno hizo una prueba en Alitalia. El jefe del taller, que no lo conocía, le encargó que hiciese una pieza. Cuando se la entregó le dijo: ¿Tú has estudiado en el ELIS? Me he dado cuenta porque has acabado bien tu trabajo, recogiendo las herramientas y dejando todo en su lugar".

"Y la práctica, la realidad, era aquel hombre emocionado que me hablaba del cambio en el barrio y en su vida, los millares y millares de personas que seguían en silencio la ceremonia litúrgica en la tarde romana teñida de rojo por el atardecer, las continuas confesiones -"como se veían en Polonia", decía un periodista-, los treinta monaguillos que realizaban sus cometidos con precisión germánica -aunque al final de la Misa demostraron que eran bien romanos cuando les saludó el Papa-, la Cruz pectoral que los alumnos del ELIS realizaron y regalaron al Papa -de plata con cinco brillantes, y la imagen de la Virgen de Czestochowa grabada- y que el Papa, después del ofertorio, quiso colocarse bajo los ornamentos sagrados.

"Todo, fruto de este trabajo de los miembros del Opus Dei que, como dijo Monseñor Álvaro del Portillo en su saludo a Juan Pablo II, "se esfuerzan en poner en práctica dos aspectos del apostolado del Opus Dei en todo el mundo: la colaboración con el trabajo pastoral de las diócesis, y el desarrollo de múltiples actividades formativas, dirigidas a personas de todas las condiciones sociales, sin excluir a nadie".

"Estas palabras fueron pronunciadas durante la reunión que Juan Pablo II mantuvo con el Prelado y el Vicario General del Opus Dei, y con los 32 vicarios regionales que se encontraban en Roma para unos días de estudio en la Sede Central de la Prelatura. "Provienen de todos los ángulos de la tierra", dijo Monseñor del Portillo. "Cada uno representa en su nación al Prelado y lleva sobre sus hombros la responsabilidad del trabajo de formación y promoción apostólica de todos los fieles de la Prelatura al servicio de las iglesias locales. Han trabajado junto a mí en estos días en comunión con Vuestra Santidad, hemos rezado y estudiado intensamente. Ahora, .cada uno se prepara a llevar a su país la unidad de espíritu en la que todos los fieles de la Prelatura están vocacionalmente llamados a servir a la Iglesia. Coincidiendo el fin de su convivencia con la feliz ocasión de la jornada de hoy, pido a Vuestra Santidad, en nombre de todos ellos, la paternal bendición apostólica con la seguridad de que alcanzará espiritualmente, a través suyo, a todos los miembros del Opus Dei".

"Juan Pablo II, que durante la homilía de la Misa había dirigido un especial saludo a los miembros y sacerdotes de la Obra y al Prelado, Monseñor Álvaro del Portillo, "que ya como colaborador del Fundador, el Siervo de Dios, Josemaría Escrivá de Balaguer, contribuyó a la realización de esta parroquia y del Centro Internacional ELIS", respondió al saludo de Monseñor del Portillo con unas palabras improvisadas y car gadas de significado "Que seáis cada vez más Opus Dei y que hagáis el Opus Dei en todas las direcciones del mundo humano y creado. Quizá en esta fórmula se encuentra la realidad teológica y la naturaleza de vuestra vocación en esta época de la Iglesia en que vivimos y en la que habéis sido llamados por el Señor".

"El Papa, que había llegado a la parroquia de San Giovanni a las cuatro de la tarde, todavía tuvo tiempo para saludar a las alumnas de la Escuela Hotelera, SAFI, y para reunirse con dos mil jóvenes del barrio. El Papa se divirtió de lo lindo con la explosión de entusiasmo que estalló en el gimnasio a su llegada, y con las canciones y los testimonios de vida cristiana y apostolado, concluyó su visita al Tiburtino diciendo a los jóvenes: "En vosotros se aprecian bastante bien los elementos de las siglas del Centro ELIS: Educación -sí, sois bastante educados-; Trabajo, ciertamente; Instrucción -veo bastantes profesores- y Deportes, también, porque estamos en un campo de baloncesto. Os quiero llamar la atención sobre dos cosas: en las anécdotas que me habéis contado se aprecia siempre un elemento del testimonio fundamental, la fuerza de Cristo. Continuad así. Y, además, la Iglesia ha valorado siempre la música, el canto -¡cuánta riqueza en los cantos litúrgicos, en los villancicos populares!-. Pues vosotros tenéis que llevar el testimonio, el apostolado de la guitarra. Que continuéis con el testimonio de Cristo, siendo modernos. Debéis ser los apóstoles de vuestra generación, porque lo haréis mejor que nosotros, que somos de otra época". A esto miles de voces contestaron: "¡Noooo!". El Papa, que pidió a los jóvenes que se preparasen para el Jubileo de la Juventud y que ayudasen también a sus amigos a prepararse terminó con "Allora, forza!" ("¡Ahora, adelante!"). Un aplauso atronador le despidió mientras salía para dirigirse a su coche". -

Quedaba descrito así el espíritu del Centro ELIS y el de las labores apostólicas que el Opus Dei impulsa en todo el mundo, de acuerdo con las circunstancias y características de cada tiempo y lugar. En la misma Roma funcionaban ya entonces el Club Internazionale, para muchachos; el Studio Club y el Tain Club, de formación profesional y básica para chicas; la RUI (Residenza Universitaria Internazionale), con numerosos estudiantes del Tercer Mundo; el Centro Romano di Incontri Sacerdotali, al que acuden sacerdotes de los cinco continentes; Villa delle Palme, colegio universitario femenino... En el caso del Centro ELIS se trataba de un encargo concreto de Juan XXIII, quien había facilitado los medios iniciales que Pío XII destinara a "una obra social", pero lo normal es que estas labores apostólicas surjan en todas partes por iniciativa de miembros del Opus Dei y de otras personas que quieran ayudar, sin acepción de raza, cultura o religión. "Son obras -como decía Mons. Escrivá de Balaguer- de promoción humana, cultural, social, realizadas por ciudadanos que procuran iluminarlas con las luces del Evangelio y caldearlas con el amor de Cristo (...) Actividades con fines espirituales y apostólicos, en las que se procura trabajar con esmero y con perfección también humana... ".

Un servicio cristiano, un apostolado

El apostolado fundamental de los hombres y las mujeres del Opus Dei sigue siendo, como veíamos en el capítulo anterior, el que realizan individualmente cuando procuran dar, con ocasión de su trabajo profesional -en medio de ese trabajo-,testimonio de vida cristiana. Por eso la actividad principal de la Obra consiste precisamente en proporcionar a sus miembros la formación espiritual necesaria para que cada uno pueda desarrollar ese apostolado.

Sin embargo, el Opus Dei promueve también en ocasiones detcrminados apostolados que nacen, de hecho, como un aspecto del apostolado personal de sus miembros en colaboración con otras muchas personas no vinculadas a la Obra, o incluso no católicos. De ahí que estas labores apostólicas -las únicas de cuya atención espiritual y doctrinal se responsabiliza el Opus Dei- estén abiertas a todos los hombres, sin discriminación de ninguna clase.

"El deseo de contribuir a la solución de los problemas que afectan a la sociedad y a los cuales tanto puede aportar el ideal cristiano, lleva además a que la Obra en cuanto tal, corporativamente, desarrolle algunas actividades e iniciativas. El criterio en este campo -decía Mons. Escrivá de Balaguer a Petcr Forbath, de Time-, es que el Opus Dei, que tiene fines exclusivamente espirituales, sólo puede realizar corporativamente aquellas actividades que constituyen de un modo claro e inmediato un servicio cristiano, un apostolado".

A veces esas iniciativas apostólicas se apoyan en la materialidad de un Centro, de unos edificios o de unas instalaciones. La propiedad de esas estructuras no pertenece -como es lógico- al Opus Dei, sino, de ordinario, a un grupo de personas -de la Obra o no, católicos y no católicos- que ofrecen a la sociedad instrumentos civiles de carácter social: capacitación profesional, alfabetización, extensión cultural, dispensarios médicos, extensión de la escolaridad en la enseñanza primaria, media y universitaria, clubs para la formación de la juventud, instituciones académicas de especialización, etc.

La financiación de estas iniciativas se produce por los medios habituales en tales casos. Por un lado, están las aportaciones de los propios beneficiarios, que casi nunca resultan suficientes para cubrir los gastos. Por otro, se cuenta también con las aportaciones de los miembros de la Obra, que destinan a este fin parte del dinero que ganan con su trabajo. Pero, sobre todo, está la ayuda de muchísimas personas que, sin pertenecer al Opus Dei, quieren colaborar en tareas de trascendencia social y educativa, llevados por el afán apostólico, la preocupación social y el espíritu comunitario que sienten ellos mismos y que observan, en la práctica, en los de la Obra. Como se trata de labores llevadas a cabo con seriedad profesional, que responden a necesidades reales de la sociedad, en la mayoría de los casos la respuesta es generosa. La financiación de cada centro es autónoma: cada uno funciona con independencia y procura buscar los fondos necesarios entre gentes interesadas en aquella labor concreta.

Estas actividades apostólicas están promovidas y dirigidas por ciudadanos para quienes esa tarea es verdadero trabajo profesional en el normal ejercicio de sus derechos civiles. Por eso surgen y se desarrollan siempre en conformidad con las leyes del país, sin privilegios, con el mismo trato que se concede a las demás actividades semejantes que promueve cualquier ciudadano, fundación o asociación. Y por eso no son nunca labores ni oficial ni oficiosamente católicas.

El mismo hecho de que sean tareas profesionales realizadas por personas que viven y participan de los problemas de la sociedad hace que se trate siempre de apostolados adaptados a las necesidades y circunstancias de cada situación y país, y que resulten por eso mismo, muy variados y diversos.

Todos pueden participar

No hay fórmulas hechas para esta labor. Las iniciativas surgen de la propia vida en cada lugar, según las necesidades. Se trata de hacer ver la dimensión cristiana de los sucesos humanos, el destino sobrenatural. de la persona, el valor humano y divino del trabajo. Cualquiera puede echar una mano, si desea "servir" a sus hermanos los hombres pensando en su dignidad. No son labores para la galería, sino para movilizar lo mejor de las personas, lo mejor de las familias, lo mejor de la sociedad. Y tampoco hay fronteras, porque el Opus Dei se encuentra a gusto en todas partes. Personas, trabajo, ganas de hacer, alegría, amor de Dios: son éstos los ingredientes de todas las iniciativas apostólicas de los miembros del Opus Dei.

No he encontrado ninguna publicación exhaustiva de estas labores, lo cual me parece natural, dada la poca afición de los miembros del Opus Dei a las estadísticas y a las gráficas de crecimiento. Existen, desde luego, folletos y recortes de periódico que explican al por mayor las características de tal o cual labor, con el fin de meter rápidamente en harina a quien desee comprometerse de verdad al servicio de sus semejantes o de informar sucintamente a quienes no disponen de mucho tiempo. Los hombres están cansados de teorías y quieren hechos naturales, que se expliquen con pocas palabras. Por eso creo que lo mejor que se puede decir de estas labores apostólicas es que están ahí para que nos acerquemos a ellas y ayudemos... Y si no, que se lo pregunten al atareadísimo y tranquilo cirujano, amigo mío, que lleva meses sacando tiempo para poner en marcha, con otros amigos de otras profesiones, un centro médico que haga del dolor y del amor una sola cosa, y que ponga el esfuerzo de la perfección humana al servicio de una humanidad doliente que tiene derecho a acercarse a Dios, con la ayuda directa de sus semejantes, también cuando dispone sólo de su sufrimiento.

Centros preuniversitarios y universitarios; Centros de Cultura superior; Institutos de Formación Profesional Obrera, como el Centro ELIS, Tajamar y tantos otros; Escuelas de Arte y Hogar y Escuelas de Formación profesional para la mujer; Escuelas de Capacitación agrícola; casas para retiros y convivencias; Centros culturales y deportivos, etc., situados en países de los cinco continentes y abiertos a toda clase de personas, ofrecen de hecho una imagen fácilmente comprobable. Funcionan ya antes de que las instalaciones estén ultimadas; se organizan sin retórica ni campanillas y con trabajo para todos desde el primer momento; se convierten sobre la marcha en centros de irradiación, que atraen a las familias de los alumnos y a todos los que deseen colaborar; se aprovechan a tope las instalaciones y los medios materiales para sacarles el máximo rendimiento posible, con enseñanza nocturna si es necesario; y se vive de continuo y a fondo una libertad sin otro límite que el de la propia responsabilidad; personal e intransferible.

Netherhall House

Entre las residencias universitarias situadas en las ciudades más importantes del mundo, podemos fijarnos, por ejemplo, en Netherhall House, de Londres, cuyos actuales edificios fueron inaugurados por la Reina Madre de Inglaterra. Situada en el barrio de Hamstead, en las cercanías de la ciudad universitaria. Tiene capacidad para 200 residentes, la mitad de los cuales son ingleses, mientras la otra mitad proceden principalmente de países africanos y asiáticos. Pero su misión no acaba aquí, porque acoge también a centenares de universitarios que usan las diversas instalaciones y servicios (biblioteca, salas de estudio, campos de deporte, etc.) y participan en los cursos y seminarios que allí se celebran de continuo. Colaboración y servicio son realidades íntimamente unidas a la vida cotidiana de la Residencia. Y es natural que cada nueva actividad de Netherhall House termine por interesar a un círculo siempre más amplio de personas, católicas o no, británicos o extranjeros, convencidas de que la seriedad del trabajo no puede ser nunca un factor de discriminación.

Por otra parte, y éste es también otro aspecto de la formación en la que participan los residentes que libremente quieren hacerlo, los jóvenes de Netherhall House se ocupan desde hace muchos años de la organización y funcionamiento de un "Boy's Club"; realizan frecuentes visitas a ancianos y pobres en diferentes casas, instituciones y hospitales de Londres; dan cursos a millares de bachilleres sobre distintos temas (desde la lengua y filosofía chinas hasta las técnicas del cálculo electrónico), etc., conscientes de que su esfuerzo social y humano tiene también inmediatas consecuencias en su vida profesional. Por eso no es extraño que personalidades británicas de primera fila hayan querido y quieran participar de manera activa, dando conferencias o celebrando encuentros con los estudiantes, o colaborando económicamente, en todas las iniciativas culturales de la Residencia. Y por eso tampoco sorprendió a nadie que el profesor Logan, Rector Magnífico de la Universidad de Londres, les dijera: "Estoy profundamente impresionado por los resultados obtenidos hasta ahora por Netherhall House y por la viva atmósfera universitaria que habéis sabido crear".

Netherhall House es una gota de agua en el mundo universitario, pero quienes pasan por allí se sienten nuevos y no quieren perder jamás el contacto con "su casa" de Londres. Desde Birmania, Singapur, India, Kenya, Sierra Leona, Noruega, Polonia, Ghana, Japón, etcétera, llegan cartas de profesionales maduros recordando casi viejos tiempos (son más de treinta años los que lleva funcionando la Residencia), sintiéndose aún "una parte importante en la gran familia de Netherhall House" y ofreciendo colaboración para poner en marcha en sus respectivos países iniciativas parecidas. Es la gota de agua convertida en mancha de aceite.

México, Roma, Dublín, Montreal, Chicago, París, Boston, San Luis, Caracas, Bogotá, Quito, Lima, Manchester, Oxford, Zaragoza, Granada, Madrid, Santiago, Barcelona, Buenos Aires, Milán, Bonn, Sidney, Manila, etc., ofrecen centros universitarios parecidos, nacionales e internacionales, siempre abiertos a la ciencia y al servicio de los hombres que quieren ser útiles a sus semejantes con una formación permanente y un talante renovador (todos los días se empieza, a cualquier edad).

Kianda College

"Cuando se ven por las calles de Nairobi -afirmaba el East African Standard, el periódico de más difusión en África Oriental- muchachas de razas diversas que pasean juntas, todos saben que se trata de alumnas del Kianda College".

No fueron fáciles los comienzos de este Centro de formación profesional de la mujer, pero son ya numerosas las promociones de alumnas de Kianda College que, después de haber recibido una intensa formación práctica y cultural y después de haber convivido con mujeres de distinta raza y religión, salieron con el diploma de secretariado y trabajan ahora con eficacia en oficinas de toda África. Ellas, como decía la esposa del presidente de Kenya, "tal vez no se han dado cuenta de la inmensa fortuna que les ha tocado, pero lo apreciarán dentro de algunos años, cuando comiencen a recoger los frutos de la formación que ahora reciben, de la eficacia de la instrucción que les ha sido impartida. Esta iniciativa (se refería al Kianda College) debe ser valorada, porque cuando se educa a una mujer se educa una familia: y la educación de una familia es la educación de todo un pueblo".

A través de este centro femenino y del Strathmore College (preuniversitario, para muchachos de Kenya, Tanzania y Uganda), los miembros kenianos del Opus Dei, junto con otros conciudadanos, realizan en Nairobi una profunda labor docente y social, contribuyendo a una completa integración racial y a una mayor difusión de la cultura.

Unas pocas cifras ilustran el rápido desarrollo de Kianda College (que en lengua kikuyu significa "valle fértil"). En 1963 había ya alumnas de los tres países del África Oriental, y a partir de 1967, de muchos otros del Continente africano: Nigeria, Etiopía, Zambia, Ghana, Lesotho...

En 1973 se pusieron las bases de Kianda High School, un colegio de enseñanza media que actualmente tiene más de 350 alumnas. Desde el principio, esta iniciativa contó con el apoyo entusiasta de las tres mil antiguas alumnas de Kianda, deseosas de que sus hijas se educaran en el mismo ambiente que habían conocido ellas. Mrs. J. Gechaga, primera mujer africana miembro del Parlamento, decía en una entrevista a la prensa en 1978: "He conocido Kianda desde que empezó (...), y comprendí que traía dos mensajes importantes para dar al país: proveer a la mujer africana de unos conocimientos que le permitieran ocupar su puesto en el siglo XX, y enseñarle a ser una buena cristiana, consecuente, madre de la primera generación de cristianos profesionales de Kenia".

Las Garzas

En el centro de Chile, en la provincia de Colchagua, funciona desde hace años la Escuela agrícola "Las Garzas", ideada y dirigida por algunos miembros chilenos del Opus Dei en colaboración con muchos compatriotas, que aprecian esta labor.

Empezamos -dice el director de la Escuela- con lo poco que teníamos: unos viejos edificios, un pequeño huerto, algún animal, unas cuantas hectáreas de cereales y una pequeña habitación que servía de aula para las clases. El resto vino después. Hemos encontrado mucha generosidad en esta gente. El grupo de agricultores y profesionales que nos ayudan ha crecido rápidamente y hoy forman la Asociación de Amigos de Las Garzas... La colaboración no la obtuvimos mostrando planos, sino invitando a ver lo que estábamos haciendo.

Es la historia de siempre en las labores apostólicas de los miembros del Opus Dei, que se ponen en marcha sin preámbulos de ningún género, con la ayuda de quienes se van a beneficiar del trabajo y de quienes descubren que es más hermoso dar que recibir.

El plan de estudios de "Las Garzas" consta de dos sectores: la instrucción general y el adiestramiento técnico.

Nuestros diplomados son obreros especializados. Mediante cursos acelerados atendemos las necesidades más urgentes del sector agrícola. Con el Centro de asistencia técnico-profesional para Cooperativas, fomentamos estas iniciativas sociales. La actividad con los exalumnos y con la Asociación de Amigos de Las Garzas constituye un buen complemento y hace que la Escuela sea un centro de irradiación cultural en todos los aspectos... El carácter integral de la formación que reciben los alumnos durante el curso de tres años -profesional, humana, social y religiosa- lo que, en definitiva, nos ha dado la colaboración de muchos propietarios, profesionales y empleados de la zona... Yo he visto aquí, con claridad, dos factores importantes, de gran eficacia sobre lo que se enseña. El primero, el ambiente que reina, la amistad de todos, favorece en gran manera la colaboración entre obreros, empleados y patronos. El segundo es que se enseña a los muchachos a amar el campo y a apasionarse con su propio trabajo.

Universidad de Navarra

Desde su fundación, en 1952, la Universidad de Navarra, se ha ido desarrollando gradualmente hasta contar con veinte facultades, escuelas e institutos, en los que cursan estudios más de diez mil alumnos en cursos regulares, y seis mil quinientos en programas de perfeccionamiento. El sistema de enseñanza y de vida universitaria, inspirado en el criterio de la responsabilidad personal y de la solidaridad entre todos los que trabajan allí, se ha demostrado eficaz y constituye una experiencia muy positiva en la actual situación mundial de los estudios superiores. De ella salen hombres y mujeres bien preparados para construir, si quieren, una sociedad más justa.

Esta Universidad, que acoge también a numerosos estudiantes afroasiáticos y latinoamericanos, fue puesta en marcha -con el impulso y la oración constantes de Mons. Escrivá de Balaguer- por un grupo de profesores procedentes de otras universidades, y ha servido para dar cauce a la ayuda de numerosas personas que ven en los estudios universitarios una base fundamental del progreso del país, cuando están abiertos a todos los que merecen estudiar, sean cuales sean sus recursos económicos.

La mitad, aproximadamente, de los alumnos, son navarros. De ellos, en 1985, el 44% procedía del sector social de rentas inferiores, mientras que el 45% provenía de niveles de rentas medias. Sólo el 9% correspondía a las familias de rentas más elevadas.

Esta realidad ha sido posible gracias al esfuerzo de la Universidad en la provisión de becas -en 1985, el 40% de los alumnos tuvieron becas-, y en el asesoramiento a los estudiantes sobre las convocatorias públicas y privadas de ayudas a las que pueden acogerse.

Por otra parte, los estudiantes tienen acceso al sistema de crédito educativo, por el que diversas instituciones bancarias financian sin intereses el coste de los estudios, sin exigir la devolución del préstamo hasta varios años después de que el beneficiario haya encontrado un empleo fijo.

"La vida de este centro universitario -ha dicho Mons. Escrivá de Balaguer- se debe principalmente a la dedicación, a la ilusión y al trabajo que profesores, alumnos, empleados, bedeles, estas benditas y queridísimas mujeres navarras que hacen la limpieza, todos, han puesto en la Universidad. Si no fuese por esto, la Universidad no hubiera podido sostenerse".

Y, efectivamente, es esta colaboración plural y constante la que explica el funcionamiento, el desarrollo, el rápido prestigio alcanzado en pocos años y sus estrechas relaciones con Universidades históricas como la Sorbona, Coimbra, Munich, Lovaina, Harvard, etc.

Económicamente la Universidad se financia con las matrículas de sus alumnos y con la ayuda de diversas instituciones. El Ayuntamiento de Pamplona concedió una parte de los terrenos. La Diputación Foral colabora en algunos gastos de sostenimiento. El Estado español dio las subvenciones previstas por la ley para la creación de nuevos puestos escolares. Las corporaciones guipuzcoanas colaboran en el sostenimiento de la Escuela de Ingenieros Industriales, cuyo instrumental científico procede de un donativo de los Estados Unidos. La obra asistencial alemana Misereor contribuyó a la financiación del plan de los nuevos edificios. La Fundación Huarte ha aportado recursos para la investigación sobre el cáncer que se realiza en la Universidad. También la Fundación Gulbenkian y numerosas empresas se interesan y cooperan en las tareas de investigación... Y sin embargo, la ayuda más agradecida es la de la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra, formada por miles de personas, españoles y extranjeros, de todas las clases sociales, muchas de ellas de escasos recursos económicos, que colaboran, en la medida de sus posibilidades, a sostener esta tarea de servicio y de promoción social, de la que son un claro exponente los más de veinte mil alumnos que se han formado en sus aulas.

Seido Language Institute

Pocas horas antes de que el Señor lo llamase a su lado, Mons. Escrivá de Balaguer estuvo reunido con un grupo de universitarias de la Obra, de varias nacionalidades. En aquella tertulia, que sería la última de su vida, se dirigió a Michito, una chica japonesa, con estas palabras:

"Dios Nuestro Señor te ha dado, con el Bautismo, el sentido de la Iglesia. Reza por los de tu tierra, porque es un pueblo muy grande, para que conozcan a Jesucristo, y le amen y le sirvan. Ya sabéis que ahora tus hermanas de Japón están preparando un colegio en Nagasaki. Hay que rezar para que las dificultades desaparezcan, para que puedan comenzar cuanto antes a trabajar allí..."

Hacía diecisiete años que el Fundador del Opus Dei había enviado a un pequeño grupo de personas a comenzar la labor apostólica en Japón. El primer objetivo de aquellos miembros de la Obra era ponerse en contacto con la sociedad japonesa, conocer a la gente, hacer amistades. Hallaron una oportunidad en el vertiginoso desarrollo económica y cultural que se había iniciado después de la guerra mundial. Los japoneses sentían vivamente la necesidad de dominar alguna lengua occidental, principalmente el inglés.

De ahí nació Seido Language Institute o Seido Gaikokugo Kenkyusho, como se dice en japonés, que fue la primera labor apostólica del Opus Dei en aquel país.

Seido está en Ashiya, una pequeña ciudad situada entre los dos enormes núcleos urbanos de Osaka y Kobe, que con más de quince ciudades satélites, albergan a casi ocho millones de habitantes y unas veinte universidades.

El primer local de Seido fue una casa típicamente japonesa: estructura de madera, suelos de tatami y puertas corredizas de madera y papel decorado. Esa sede fue pronto insuficiente y, en 1962, la enseñanza de idiomas era trasladada a un edificio más adecuado, que también quedaría pequeño poco más de diez años después.

Dios bendecía la oración y el sacrificio. Personas de toda condición se acercaban a la fe cristiana desde muy lejos. El primer japonés de la Obra -y que más tarde sería sacerdote- se había convertido a la fe en Seido, atraído en un principio por los valores humanos que allí encontró. El Señor le daría la fe y la vocación al Opus Dei.

En 1973, junto a la Escuela de Idiomas se estableció el Seido Cultural Center, con actividades directamente apostólicas: clases de introducción a la Sagrada Escritura -la Biblia en el Japón es un best seller-; retiros espirituales a los que también asisten los no católicos; clases de catecismo, atención sacerdotal...

Simultáneamente se han creada otros centros semejantes, dando lugar al Seido System Schools, que además provee de material didáctico para la enseñanza de idiomas a más de cincuenta centros universitarios.

Sin duda alguna, la seriedad profesional y técnica con que se desarrollan las actividades de Seido influyen en gran medida sobre estos resultados. No se trata de una isla occidental en un mundo oriental, sino de algo que responde a las necesidades concretas de una sociedad. Por eso, aunque los profesores de inglés, italiano, francés, español y alemán -los idiomas que se imparten- proceden de esos países, Seido es un foco japonés de irradiación cultural que ofrece en la vida diaria un testimonio evidente del trabajo bien hecho -cualidad muy apreciada por los nipones- y de unos horizontes de comunicación que ponen de relieve los puntos clave de la verdadera convivencia universal. Y son precisamente los japoneses del Opus Dei los más empeñados en la multiplicación de este tipo de labores en su país.

...Ahora ya se ha visto realizado el deseo que el Fundador del Opus Dei expresaba a aquella hija suya japonesa en su última tertulia. En octubre de 1975 se inauguraba el Centro Nagasaki Seido y, en 1978, comenzó a funcionar un colegio femenino, concretamente aquel al qué se refería Mons. Escrivá de Balaguer en la mañana del 26 de junio de 1975.

Horizonte cuajado de iniciativas

No he encontrado, como decía, ninguna publicación exhaustiva sobre los apostolados de los miembros del Opus Dei. Nos hemos detenido, de pasada, en algunas, pero siempre son muchas más, en todos los países, las que están funcionando. Ahora mismo, en cualquier parte, personas del Opus Dei pueden estar viviendo, mano a mano con otros compatriotas, nuevas iniciativas que cristalizarán en nuevas labores. El campo no tiene puertas. Y la libertad de acción, tampoco, porque el trabajo personal, realizado con imaginación y alegría, y para servir, es fecundo en todas las latitudes.

En Perú, por ejemplo, más de doscientas personas -médicos, economistas, abogados, ingenieros agrónomos, maestros, periodistas, etcétera- llevan adelante gratuitamente las clases radiofónicas ERPA desde hace varios años. Millares de campesinos de Huarochiri, Cañetc y Yauyos -una de las zonas más abruptas y pobres de los Andes peruanos-, provistos previamente de transistores, siguen así los cursos de Agricultura, Salud, Higiene, Economía familiar, Aritmética, Ganadería, Religión, Formación cívica, etc., hacen consultas por escrito que -casi todas- obtienen respuestas inmediatas, y mejoran su formación cultural y práctica sin darse cuenta. También ésta es una labor ideada sobre el terreno por personas del Opus Dei y amigos suyos, que atrae la colaboración de muchas personas y que requiere una gran dedicación, ya que las lecciones deben ser cuidadosamente preparadas y adaptadas luego a un lenguaje radiofónico sencillo y ameno que lleguen fácilmente a las gentes.

Otras labores, por ejemplo, son el Midtown Sports and Cultural Center (Chicago), la granja-escuela para campesinas de Montefalco (México), el Mayana School de Manila, el Instituto de Hogar y Cultura Solana (Quito), el Instituto Técnico Femenino Senara (Madrid), el Instituto Femenino de Estudios Superiores (Guatemala), el Instituto Superior Femenino de Artes y Letras (Bogotá), la residencia para posgraduados Grandpont House (Oxford), el Centre de Rencontres de Couvrelles (Aisne Francia), el Colegio de Arte y Hogar Ogarapé (Asunción), el Centre Culturel Hudson (Montreal), el Instituto Técnico Agrario Bell-Lloc del Plá (Gerona), el Centro de Formación Profesional Doméstica (Lisboa), el Arnold Hall Academy (Boston), la Escuela de Hogar Cultura y Administración (Sáo Paulo), el Okuashiya Study Center (Osaka), el Instituto de Capacitación femenino Altoclaro (Caracas), la Escuela de Hogar y Cultura (Buenos Aires), el Mádchenwohnheim Müngersdorf (Colonia), la Escuela Profesional Pineda (Barcelona), el Colegio Retamar (Madrid), el Colegio Gaztelueta (Bilbao), el Warrane College, (Sidney), etc.

Torreciudad: un Santuario mariano

El cariño a Santa María, Madre de Dios y de los hombres, es una constante en la historia del Opus Dei, es decir, en la vida de Monseñor Escrivá de Balaguer y en la de cada uno de los miembros de la Obra, y es también el sello, más o menos apreciable a primera vista, de las labores apostólicas de los miembros del Opus Dei. En los cimientos de todas esas actividades aparece siempre la Virgen, cuyo toque firme y sereno de ternura presidirá las actividades humanas. El Fundador de la Obra había dicho en varias ocasiones de sí mismo que era "un pobre pecador que ama con locura a Jesucristo", y que en lo único que deseaba que le imitasen era en su amor a Santa María. Y el ejemplo se hizo realidad, en los miembros, desde los primeros días del Opus Dei.

Efectivamente era muy difícil ver o escuchar a Mons. Escrivá de Balaguer sin acusar en seguida su contagiosa y delicada devoción mariana. Como es difícil tratar con la gente del Opus Dei sin descubrir, en vivo, la misma devoción. El Angelus, el Santo Rosario, piropos a la Virgen, las jaculatorias, los detalles que se ven y esos otros, incontables, que permanecen en la intimidad de los corazones para asomar de continuo en una profunda devoción filial... Muchas oraciones y tradiciones marianas han sido heredadas celosamente, como un tesoro inapreciable, por el Opus Dei, que en la formación de sus miembros y en la base de su espiritualidad, ha puesto siempre a la Virgen en el lugar que le corresponde, es decir, inmediatamente después de Dios.

La ciudad de Barbastro ha quedado atrás. La carretcra recorre la orilla derecha del río Cinca; penetra en el Somontano y el paisaje se vuelve agreste. Más allá de la presa de El Grado se convierte el Cinca en lago cerrado por recios canchales que el agua no puede cubrir. En su orilla izquierda, sobre un peñasco, se encuentra la vieja ermita y, cerca, un torreón de señales medio derruido. Más elevado, el nuevo Santuario con los edificios en los que se realiza la labor espiritual con la que soñó el Fundador del Opus Dei. Al fondo se recorta en un limpio cielo azul la impresionante mole del Pirineo aragonés.

El silencio invita a la contemplación. Aquí sucedió algo que es parte de la historia del Opus Dei. Fue en 1904, cuando Mons. Escrivá de Balaguer contaba con dos años de edad. Contrajo una grave enfermedad y fue desahuciado por los médicos. Su madre rezó intensamente a la Virgen y, días más tarde, llevaba al niño, sorprendentemente curado, en peregrinación de acción de gracias a la ermita de Nuestra Señora de Torreciudad: "Me trajeron mis padres -recordaría muchas veces-. Mi madre me llevó en sus brazos a la Virgen. Iba sentada en la caballería, no a la inglesa, sino en silla, como entonces se hacía, y pasó miedo porque era un camino muy malo".

Torreciudad ha sido, desde tiempo inmemorial, punto de encuentro de piedad mariana para las gentes del Somontano aragonés. Cuenta la tradición, recogida por los historiadores, que ya en el siglo XI se inicia esa devoción popular. Millares de personas se han postrado a los pies de la Virgen de Torreciudad durante nueve siglos.

A esta larga historia se quiso sumar Mons. Escrivá de Balaguer y, bajo su impulso espiritual, se fueron poniendo los medios necesarios para levantar un Santuario en el que, de acuerdo con la aprobación de la autoridad eclesiástica competente, se colocara la imagen restaurada para que fuera lugar de conversión bajo el amparo de la Santísima Virgen.

"Me da mucha alegría -había dicho Mons. Escrivá de Balaguer- la devoción que se tiene a la Virgen en Fátima y en Lourdes; me llena de gozo que se honre con tanto amor a nuestra Madre del Cielo. También contribuiremos nosotros a que aumente este amor".

La radical gratitud del Opus Dei a Santa María encuentra en ese Santuario la expresión más adecuada. No fue necesario inventar nada. En torno a la Virgen de Torreciudad, que presidía el lugar, se agolparon los esfuerzos, la generosidad y el agradecimiento de todos los hombres y mujeres del Opus Dei y de millares de personas de todo el mundo -incluidos no católicos, por supuesto- para construir en pocos años un digno Santuario estrechamente unido a un Centro Social y Educativo. Y es bello pensar que en cada ladrillo aragonés, en cada grano de alabastro, en cada baldosa y en cada madero de los edificios que componen el conjunto, late el amor a Santa María expresado en todos los idiomas del universo.

Puesto en marcha por un Patronato, ideado para promover el culto a la Virgen, fomentar la labor educativa y social y facilitar la ayuda necesaria en la realización del proyecto, el Santuario de Torreciudad empezó a ser una realidad en cuanto se abrieron las primeras zanjas y se allanaron los primeros caminos. Su irradiación espiritual y cultural alcanza tanto al trabajo investigador del profesor como al trabajo de las mujeres campesinas, con sus clases de economía doméstica, pasando por los cursos de formación para profesionales, las reuniones de directivos de centros de enseñanza, cursos de retiro espiritual, congresos, cursos de formación cultural básica, programas de técnicas de estudio, cursos de formación de monitores de escuelas agrarias, cursos de iniciación universitaria, cursos para mejorar los cultivos...

En una entrevista publicada el 3 de mayo de 1969 en el semanario de Barbastro, El Cruzado Aragonés, Mons. Escrivá de Balaguer había dicho que "tenía una ilusión muy grande" en ver realizadas las obras., "en primer lugar porque supondrá un aumento de la devoción a la Virgen Santísima".

-¿Qué frutos espera de estas obras de Torreciudad?, -le preguntó entonces el periodista.

"Espero frutos espirituales: gracias que el Señor querrá dar a quienes acudan a venerar a su Madre Bendita en su Santuario. Estos son los milagros que yo deseo: la conversión y la paz para muchas almas.

"En Torreciudad -añadía- no habrá nada que, ni de, lejos, pueda parecer una tienda de objetos de piedad. Allí se irá a rezar, a honrar a la Virgen y a buscar los caminos de Dios; no a comprar baratijas. No me gusta que la casa ele Dios se convierta en un bazar".

En esa misma ocasión Mons. Escrivá de Balaguer manifestó también su deseo de que en el Santuario nuevo de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad hubiese muchos confesonarios, "para que las gentes se purifiquen en el Santo Sacramento de la Penitencia y -renovadas las almas- confirmen o renueven su vida cristiana, aprendan a santificar y amar el trabajo, llevando a sus hogares la paz y la alegría de Jesucristo... Así recibirán con agradecimiento los hijos que el cielo les mande, usando noblemente del amor matrimonial, que les hace partícipes del poder creador de Dios: y Dios no fracasará en esos hogares cuando El les honre escogiendo almas que se dediquen, con personal y libre dedicación, al servicio de -los intereses divinos. ¿Otros milagros? Por muchos y grandes que puedan ser, si el Señor quiere así honrar a su Madre Santísima, no me parecerán más grandes que los que acabo de indicar antes, que serán muchos, frecuentísimos, y pasarán escondidos sin que puedan hacerse estadísticas".

Y terminaba la entrevista diciendo: "Espero que un día no lejano podré acercarme, como peregrino, a rezar a mi Madre Santísima de Torreciudad".

Lo hizo, descalzo, cuando todavía no estaban terminadas las obras. Y volvió también a Torreciudad en mayo de 1975: recorrió todo el Santuario y su amor a la confesión frecuente le llevó a recibir, allí mismo, el Santo Sacramento de la Penitencia. Un mes más tarde, el 26 de junio, entregaba su alma al Señor. A los pocos días -el 7 de julio- el Santuario de Torreciudad se abría al culto con una Misa solemne celebrada en sufragio de su alma.

En 1984, el Santuario ha conmemorado el IX Centenario del hallazgo de la Virgen "morena" de Torreciudad, y del comienzo de la devoción a esta advocación mariana. Según la Oficina de Información del Santuario, más de ochocientas mil personas asistieron a los actos conmemorativos de este IX Centenario. Las peregrinaciones han sido muy numerosas, y fueron presididas, entre otros, por los Arzobispos de Valencia y Braga, el Vicario General Castrense de España, y los Obispos de Lérida, Jerez, Bragano;a, Guadalajara, Barbastro, Leiría, Tortosa y OrihuelaAlicante. Además, Mons. Suquía, Arzobispo de Madrid, ordenó sacerdotes en el Santuario a 22 profesionales, miembros de la Prelatura Opus Dei, que habían sido ordenados diáconos por Mons. Palenzuela, Obispo de Segovia, y Mons. Carles, Obispo de Tortosa.

En palabras del Rector del Santuario, don José Luis Saura, "dos mil grupos de 42 provincias españolas, y de 12 países, han contribuido así a honrar a la Virgen, incrementar su devoción, y a renovarse espiritualmente mediante la recepción personal del Sacramento de la Penitencia". El 13 de octubre, por ejemplo, Mons. Barrachina, rodeado de centenares de chicos y chicas de su diócesis y de toda España, decía: "No conocía Torreciudad y me ha emocionado. La capacidad de convocatoria de la Virgen es aquí una realidad gozosa que llena de ánimo. De Torreciudad sale uno robustecido en su amor a Cristo y a su Madre. Volveré".

Entre las peregrinaciones de otros países se pueden destacar las procedentes de Fátima, Kevelaer, Milán, Lovaina, Lourdes y Lisboa. Las IX Jornadas de la Juventud reunieron en Semana Santa a mil estudiantes y jóvenes trabajadores. Posteriormente, tuvo lugar una concentración nacional de universitarios, con cerca de diez mil asistentes. Los matrimonios que se casaron en Torreciudad y los trabajadores que participaron en los trabajos de construcción tuvieron también una jornada especial. Miles de adoradores se dieron cita en Torreciudad en la madrugada del 23 de septiembre, con ocasión de una vigilia nacional de la Adoración Nocturna Española. Y el 14 de octubre, la Virgen de los Desamparados salía por primera vez en el siglo XX de los límites de Valencia, en peregrinación de veinte mil personas presidida por el Arzobispo de Valencia, Mons. Roca.

En Torreciudad, como en tantos otros Santuarios marianos del mundo, cientos de miles de personas tienen oportunidad de seguir las enseñanzas del Concilio Vaticano II que, en la constitución "Lumen Gentium" (n. 67), impulsa "a todos los hijos de la Iglesia a que cultiven generosamente el culto a la Santísima Virgen, particularmente el litúrgico" y a "que estimen mucho las prácticas y ejercicios de piedad hacia Ella recomendadas en el curso de los siglos por el Magisterio


La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer
Luis Ignacio Seco

 

Prólogo
El Opus Dei en el mundo
Algo de historia
¿Qué es el Opus Dei?
Gobierno del Opus Dei
La gente del Opus Dei
El apostolado: Un mar sin orillas
Iniciativas apostólicas de los miembros del Opus Dei
Epílogo: Por todos los rincones de la tierra