¿Qué es el Opus Dei?

¿Quién mejor que Mons. Alvaro del Portillo, su Prelado, para explicarnos qué es el Opus Dei? El 28XI-82, el Papa Juan Pablo Il erigió esta institución de la Iglesia en Prelatura personal, con el fin de que su figura jurídica en el derecho canónico correspondiera adecuadamente con su vida, con su realidad social y con su auténtico espíritu fundacional, transmitido por su Fundador, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer. "Este nuevo marco jurídico del Opus Dei -declaró Mons. del Portillo a Pier Giovanni Palla, del diario Ya, en noviembre de 1982-, transparenta claramente lo que son los miembros del Opus Dei: o simples fieles laicos, o sacerdotes seculares".

Prelatura personal de ámbito internacional

En una entrevista concecida a Joaquín Navarro^ Valls, entonces corresponsal de ABC en Roma, Mons. del Portillo definió la naturaleza exacta del Opus Dei:

"Es una Prelatura personal de ámbito internacional, con sede central en Roma, y dependiente de la Sagrada Congregación para los Obispos. Está constituida por un Prelado; por el clero o presbiterio de la Prelatura, que son los sacerdotes incardinados al Opus Dei, y por los seglares que libremente se han incorporado o se incorporarán en el futuro".

El Prelado del Opus Dei describía en pocas palabras esta figura jurídica -la Prelatura personal-, creada por los Padres Conciliares en el Concilio Vaticano II:

"Es una estructura jurisdiccional secular, de carácter personal (es decir, no circunscrita al criterio de la territorialidad), que la Santa Sede erige para que realice peculiares tareas pastorales, en una detcrminada región o país, o en el mundo entero. Esta figura jurídica (que tiene una gran flexibilidad) fue creada por el Concilio Vaticano II, concretamente en el Decreto Presbyterorum 0rdinis".

Navarro-Valls preguntó también a Mons. del PortiIlo por la finalidad de la Prelatura Opus Dei:

"Son dos los aspectos fundamentales de la finalidad y de la estructura de la Prelatura, que explican su razón de ser y su natural inserción en el conjunto de la actividad pastoral y evangelizadora de la Iglesia:

 

  1. De una parte, la peculiar labor pastoral del Prelado con su presbiterio para atender y sostener a los fieles laicos incorporados al Opus Dei en el cumplimiento de los compromisos ascéticos, formativos y apostólicos, que han asumido y que son particularmente exigentes.
  2. De otra, el apostolado del presbiterio y de) laicado de la Prelatura, que llevan a cabo inseparablemente unidos, con el fin de difundir en todos los ambientes de la sociedad una profunda toma de conciencia de la llamada universal a la santidad y al apostolado, y, más concretamente, del valor santificante del trabajo profesional ordinario".

 

Una batería de preguntas

Con técnica periodística, Covadonga O'Shea compuso hace unos años una batería de preguntas y respuestas breves, ciñéndose en todo momento a las palabras de Mons. Escrivá de Balaguer, quien, como decía mi amigo el periodista andaluz, ha contestado ya, con luz y taquígrafos, a todo lo que se quiera saber sobre la Obra.

-¿Qué se propone el Opus Dei?

" El Opus Dei se propone promover entre personas de todas las clases de la sociedad el deseo de la perfección cristiana en medio del mundo. Es decir, el Opus Dei pretcnde ayudar a todas las personas que viven en el mundo -al hombre corriente, al hombre de la calle-, a llevar una vida plenamente cristiana, sin modificar su modo normal de vida, ni su trabajo ordinario, ni sus ilusiones y afanes".

-Si tuviera que resumir en pocas palabras la doctrina del Opus Dei, ¿qué diría?

"Que desde 1928 mi predicación ha sido que la santidad no es cosa para privilegiados, que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra, porque el quicio de la espiritualidad específica del Opus Dei es la santificación del trabajo ordinario".

-¿Podría explicarnos qué entiende usted por santificar el trabajo?

"Al recordar a los cristianos las palabras maravillosas del Génesis -que Dios creó al hombre para que trabajara-, nos hemos fijado en el ejemplo de Cristo, que pasó la casi totalidad de su vida terrena trabajando como un artesano en una aldea. Amamos ese trabajo humano que Él abrazó como condición de vida, cultivó y santificó. Vemos en el trabajo -en la noble fatiga creadora de los hombres- no sólo uno de los más altos valores humanos, medio imprescindible para el progreso de la sociedad y el ordenamiento cada vez más justo de las relaciones entre los hombres, sino también un signo del amor de Dios a sus criaturas y del amor de los hombres entre sí y a Dios: un medio de perfección, un camino de santidad".

-¿De qué ambientes provienen los miembros del Opus Dei?

"Pertenecen de hecho al Opus Dei, en España y en todo el mundo, personas de todas las condiciones sociales: hombres y mujeres, viejos y jóvenes, obreros, industriales, empleados, campesinos, personas que ejercen profesiones liberales, etc. La vocación la da Dios, y para Dios no hay acepción de personas".

-¿Qué da el Opus Dei a sus miembros?

"La actividad principal del Opus Dei consiste en dar a sus miembros, y a las personas que lo deseen, los medios espirituales necesarios para vivir como buenos cristianos en medio del mundo. Les hace conocer la doctrina de Cristo, las enseñanzas de la Iglesia; les proporciona un espíritu que mueve a trabajar bien por amor de Dios y en servicio de todos los hombres. Se trata, en una palabra, de comportarse como cristianos: conviviendo con todos, respetando la legítima libertad de todos y haciendo que este mundo nuestro sea más justo".

-¿A qué se dedican las personas que se incorporan al Opus Dei?

"Cada uno de los miembros se gana la vida y sirve a la sociedad con la profesión que tenía antes de venir al Opus Dei, y que ejercería si no perteneciese a la Obra. Así, unos son mineros, otros enseñan en Escuelas o Universidades, otros son comerciantes, amas de casa, secretarias, campesinos. No hay ninguna actividad humana noble que no pueda ejercer un miembro del Opus Dei ".

-¿Qué intervención tiene el Opus Dei en su trabajo?

"Toda la actuación de los Directores del Opus Dei se basa en un exquisito respeto de la libertad profesional de los miembros: éste es un punto de importancia capital, del cual depende la existencia misma de la Obra, y que, por tanto, se vive con fidelidad absoluta".

-Aunque exista esta libertad, ¿el pertenecer al Opus Dei no influirá, aunque sea indirectamente, en las decisiones profesionales de los miembros de la Obra? Nos referimos especialmente a los que ocupan puestos destacados en la economía, en la vida cultural o en la política de sus respectivos países.

"En modo alguno. El Opus Dei no interviene para nada en política; es absolutamente ajeno a cualquier tendencia, grupo o régimen político, económico, cultural o ideológico. Sus fines -repito- son exclusivamente espirituales y apostólicos. De sus miembros exige sólo que vivan en cristiano.

"El respeto de la libertad de sus miembros es condición esencial de la vida misma del Opus Dei. Sin él no vendría nadie a la Obra. Es más. Si se diera alguna vez -no ha sucedido, no sucede y, con la ayuda de Dios, no sucederá jamás- una intromisión del Opus Dei en la política o en algún otro campo de las actividades humanas, el primer enemigo de la Obra seria yo ".

-¿Por qué no se dan a conocer públicamente los miembros de la Obra?

"Porque son fieles corrientes, iguales a los demás: al adscribirse al Opus Dei no cambian de estado. Les repugnaría llevar un cartel en la espalda que diga: "Que conste que estoy dedicado al servicio de Dios". Esto no sería laical ni secular. Pero quienes tratan y conocen a los miembros del Opus Dei saben que forman parte de la Obra, aunque no lo pregonen, porque tampoco lo ocultan".

Podríamos terminar aquí el capítulo, pero vale la pena completarlo con unas palabras del Cardenal Luciani -escritas poco antes de ser elegido Papa- y con tres testimonios vivos que confirman, cada uno a su modo, todo lo que venimos diciendo.

Santificación del trabajo

El Cardenal Luciani, en uno de sus habituales artículos en 11 Gazzettino de Venecia, trazó unas líneas maestras sobre la espiritualidad de Mons. Escrivá de Balaguer. Juan Pablo 1, el Papa sonriente, como le llamarían pocas semanas más tarde muchísimas personas, describía así el mensaje del Fundador del Opus Dei:

"Escrivá de Balaguer, con el Evangelio, dijo continuamente: Cristo no nos pide un poco de santidad, sino mucha santidad. Quiere, sin embargo, que la alcancemos, no con acciones extraordinarias, sino a través de las acciones corrientes; es el modo de realizarlas el que no debe ser común. En medio de la calle, en la oficina, en la fábrica, nos santificamos, con tal de que desarrollemos con competcncia nuestros deberes, por amor a Dios y con alegría, de modo que el trabajo de cada día no sea la "tragedia cotidiana", sino casi la "sonrisa cotidiana".

"Cosas similares -continúa el Cardenal Lucianihabía enseñado trescientos años antes San Francisco de Sales (...). Escrivá de Balaguer, sin embargo, le supera en muchos aspectos. También San Francisco de Sales propugna la santidad para todos, pero parece enseñar sólo una "espiritualidad para los laicos", mientras que Mons. Escrivá quiere una "espiritualidad laical". Francisco sugiere casi siempre a los laicos los mismos medios practicados por los religiosos con las adaptaciones oportunas. Escrivá de Balaguer es más radical: habla incluso de materializar -en el buen sentido- la santificación. Para él es el mismo trabajo material el que debe transformarse en oración y santidad".

"Las ilusiones humanas se armonizan muy bien con el deseo de servir a Dios"

Elvira acaba de guardar su bata blanca. La última consulta de la mañana ha terminado. Tiene aspecto juvenil pero hace ya unos años que dejó la Universidad. Desde entonces han cambiado unas cuantas cosas en su vida: se casó con un médico, ha tenido nueve hijos y ha ido perfilando su dedicación profesional dentro del campo de la medicina.

Al preguntarle por algún acontecimiento decisivo en estos años, me comenta con rapidez que ha sido su vocación al Opus Dei lo que ha dado un relieve nuevo a ese entramado de acontecimientos que han ido configurando su vida profesional y familiar.

-¿Cómo conoció usted el Opus Dei?

-Conocí la Obra cuando comenzaba mis estudios en la Universidad. A1 encontrarme en un ambiente diferente al del Colegio, me di cuenta de que debía reforzar mi formación espiritual de un modo semejante a como procuraba ir mejorando mi formación humana. A través de una amiga se me presentó la oportunidad de asistir a unas clases de Teología en un Centro del Opus Dei.

-¿Y de qué modo ha influido en su vida el Opus Dei?

-A través de la formación espiritual que recibo, he ido descubriendo que es posible tener una gran intimidad con Dios, aunque se esté metida de lleno en el trabajo profesional; y que las ilusiones humanas se armonizan muy bien con el deseo de servir a Dios. Cuando conocí mejor la Obra, yo estrenaba una familia, comenzaron a llegar mis primeros hijos. Me di cuenta de que debía vivir la vida ordinaria abnegadamente, cara a Dios. En mi caso, eso se traduce en esforzarme por sacar adelante una familia numerosa como la que Dios me ha dado. Gracias a las enseñanzas del Fundador del Opus Dei he descubierto la grandeza que encierra la vida matrimonial, y la trascendencia humana y sobrenatural que supone tener hijos y educarlos. Sé que a veces no es fácil. Mis hijos han nacido, uno tras otro, sin darme tiempo a pensar en otros proyectos profesionales que tenía. Pero del espíritu del Opus Dei he aprendido que la grandeza de un quehacer, lo que permite a una persona alcanzar su plenitud humana, es, con la gracia de Dios, lo mismo que le hace alcanzar la santidad: el convertir su vida en un servicio gustoso a Dios y a los demás.

-El Fundador del Opus Dei insiste mucho en la obligación que tienen los cristianos de preocuparse por acercar a Dios a sus colegas y amigos. ¿Le queda a usted tiempo para eso?

-Efectivamente, el espíritu de la Obra enseña que es deber de un buen cristiano no sólo encontrar a Dios a través de un trabajo honesto y bien hecho, sino preocuparse de acercar la gente a Dios. Pero ésa no es una labor al margen de la vida familiar y de la vida profesional. Se trata de compartir con los familiares, con los amigos, lo mejor que uno tiene: la formación cristiana. Mis hijos me brindan con frecuencia oportunidades estupendas de ayudar a la gente. Ellos son un tema fácil de conversación cuando me encuentro con las madres de sus amigos, en la puerta del colegio. Algunas personas se asombran al saber que tengo nueve hijos. Entonces procuro transmitir a esas amigas mías consideraciones que las animen también a descubrir la grandeza del matrimonio y a vivir conforme a los planes de Dios, con una lógica diferente a la que encierran a veces los planteamientos que nos hacemos de tejas abajo.

También en mi consulta surgen ocasiones de ayudar a las personas. A la vez que un consejo médico, cuántas veces puedo darles un consejo amistoso que les ayude a enfrentarse con una situación difícil, con más esperanza. Pero todo eso gracias a Dios.

-Usted conoció al Fundador del Opus Dei. ¿Recuerda algún rasgo de la personalidad de Monseñor Escrivá de Balaguer que le llamara especialmente la atención?

-Me llamó la atención su alegría. Advertí con gran claridad que era un sacerdote que estaba muy cerca de Dios, que era un hombre santo. La fuerza y el cariño con que hablaba de Dios, la esperanza que transmitía con sus comentarios removían el alma. Vi conmoverse a las personas que estaban a mi alrededor, en aquella reunión tan numerosa -en Tajamar-, donde el Padre hablaba como si estuviera a solas con cada uño. Le aseguro que me sentí removida interiormente y con un gran deseo de esforzarme en ser mejor. Al mismo tiempo, recuerdo que me inspiró-una gran confiañza. Desde que el Padre falleció me encomiendo a su intercesión con mucha frecuencia y le pido ayuda en tantas cosas. Sé que Monseñor Escrivá es un eficaz intercesor delante de Dios.

Tal como son, con sus defectos

-¿Qué le proporciona a usted el Opus Dei? -Quien responde ahora es el catedrático de Derecho Romano, Alvaro D'Ors Pérez-Peix.

-La Obra proporciona a sus miembros la dirección espiritual que da sentido a la propia existencia como hijos de Dios. Cada uno contribuye al Opus Dei sobre todo con el hecho de su misma vocación: supone un enriquecimiento de matices humanos en un único fin de santificación. Las mismas imperfecciones de cada uno sirven para cumplir esa plenitud que continúa la obra del Redentor. Por eso siempre dice el Fundador que quiere a sus hijos tal como son, con sus defectos: no porque falte la voluntad ascética de superarlos, sino porque la realidad humana se pone, en último término, como medio de dar a Dios más gloria. En esto está el secreto del Opus Dei: en la seguridad de que en cualquier punto y momento de nuestra existencia, sin cambios aparentes pero con una permanente conversión interior, puede empezar y debe proseguir la lucha divina por la santificación de todos.

-¿Cómo ve la aportación del Opus Dei a la Iglesia?

-Es difícil de medir, pero fácil de ver. Diría que la voluntad concreta de Dios al poner su Obra en el mundo no es indiferente a la situación de nuestra Santa Madre Iglesia. Pero sus designios son inescrutables. En todo caso, "por sus frutos los conoceréis", y me atrevería a decir que los frutos del Opus Dei al servicio de la Iglesia son frutos de bendición; como decía un prelado hace años, "es efectivamente de Dios".

Un periodista norteamericano

En un artículo aparecido en el semanario norteamericano OurSunday Visitor, el periodista Dennis H. Helming cuenta también á su modo su experiencia personal:

"Cuando yo conocí el Opus Dei en Harvard, en 1956, me sentí liberado en muchos sentidos: libre de lo que consideraba como un ambiente aplastante, de la idea de que, para vivir a fondo el cristianismo, tendría que abandonar el mundo; libre para encontrar a Dios en mis ocupaciones habituales y ayudando a otros a hacer igual descubrimiento, dentro de mis limitaciones y circunstancias.

"Yo antes me había enfrentado con estas palabras de San Agustín: "Ama y haz lo que quieras". Ahora estoy seguro de que no las había comprendido, a no ser como tapadera para buscarme a mí mismo. Mi creciente contacto con el Opus Dei me ayudó a descubrir su sentido. Empecé a ver que lo más importante no es "lo que" uno hace, sino "por qué" lo hace. O mejor aún: no "por qué" -una abstracción, un ideal, una idea-, sino "por Quién", una Persona, Dios. Gradualmente entendí que el amor a Dios y su servicio no se limitaban a las cosas "sagradas", a un detcrminado estado o actividad. En la medida en que yo busque a Dios sobre todas las cosas y personas, no es tan importante que yo sea historiador, jurista, médico o periodista; que me case o que permanezca soltero; que vote a los demócratas o a los republicanos; que adopte entre lo que es teológicamente opinable unas opiniones u otras... Y así fue cómo se convirtió en una liberación, para mí, comprobar que Dios es compatible con todo lo auténticamente humano.

"Ahora bien, ese descubrimiento no me incitaba a devaluar las cosas humanas, ni a cultivar sólo las "buenas intenciones". Precisamente por el hecho de esforzarme en lograr la perfección humana a través de cualquier carrera o profesión, serviría a Dios y a los demás. Y me di cuenta de que tal actitud entraña una lucha decidida por evitar la pereza, el egoísmo, la frivolidad, cualquier forma, en definitiva, de buscarse a uno mismo (...).

"El Opus Dei no quiere -ni puede- sacarte las castañas del fuego. Eres un ser libre, un animal racional: has de pensar y elegir por ti mismo. La tarea del Opus Dei es recordarte constantemente tu decisión de hacer bien todas las cosas y poner a Dios como fin. Tendrás que administrar tus propios talentos y oportunidades. Dios te hizo libre; no dejes que nadie te arrebate esa libertad.

"A los hombres nos resulta difícil tomarnos en serio el Primer Mandamiento, en el hogar, en la oficina, en la misma calle. Nos parece, en cierto modo, la plenitud de la vida cristiana demasiado alta y exigente, asequible únicamente a los selectos, unos pocos escogidos; es decir, sólo para superhombres. Pensamos así porque somos pesimistas; estamos demasiado familiarizados con nuestra tendencia a darnos por vencidos, a tomar el camino más fácil.

"El Opus Dei me ayuda a superar ese pesimismo de la siguiente manera: Hablándome de Dios como El es, mi Padre amoroso, todopoderoso, infinitamente paciente; animándome a ser fiel y sincero, para corresponder a su llamada de amor y de servicio; mostrándome las consecuencias de esa vocación en todo cuanto hago; señalándome los medios humanos y sobrenaturales para asegurar la fidelidad a esos fines; proporcionándome el buen ejemplo, lleno de vigor y alegría, de quienes aspiran a la santidad; mostrándome dónde y cómo deberé luchar para dominar y vencer mis debilidades, etc.

"El Opus Dei es un medio y un camino para gente que quiere alcanzar su fin sobrenatural. Es un camino concreto -uno entre otros muchos posibles- para que los cristianos corrientes vivan su fe. En el caso de los miembros de la Obra, su decisión de vivir la plenitud de la vida cristiana en el Opus Dei comporta el compromiso personal de difundir ese espíritu propio, ese camino".

Perenne juventud de la Iglesia

Es lógico que esta realidad viva, que enlaza directamente con la de los primeros cristianos, haya contado desde su fundación con el apoyo y el aliento de la Jerarquía episcopal y haya recibido, desde 1943, todas las aprobaciones de la Santa Sede, que han culminado en la erección de la Prelatura personal de la Santa Cruz y Opus Dei, el 28 de noviembre de 1982, en los mismos términos que había solicitado su Fundador.

En una carta manuscrita dirigida a Mons. Escrivá de Balaguer, Pablo VI escribía que el Opus Dei "ha surgido, en este tiempo nuestro, como viva expresión de la perenne juventud de la Iglesia, plenamente abierta a las exigencias de un apostolado moderno, cada vez más activo, capilar y organizado". Y añadía: "Colocados por la voluntad del Señor al timón de la nave de Pedro, desde la que escrutamos con vigilante solicitud los signos anticipadores de los tiempos, el ansia de las almas que esperan la llegada de los operarios del Señor, las necesidades antiguas y siempre renovadas que entraña la difusión del Evangelio de Cristo, consideramos con paterna satisfacción cuanto el Opus Dei ha realizado y realiza por el Reino de Dios, el deseo de hacer el bien, que lo distingue; el celo ardiente por las almas, que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y testimonio en todos los sectores de la vida contemporánea".

Juan Pablo II, en la homilía de la Misa que celebró en Castelgandolfo el 19 de agosto de 1979, se dirigía -según recoge L'Osservatore Romano- en los siguientes términos a un grupo de profesores y estudiantes universitarios del Opus Dei: "Vuestra institución tiene como finalidad la santificación de la vida permaneciendo en el mundo, en el propio puesto de trabajo y de profesión: vivir el Evangelio en el mundo, viviendo ciertamente inmersos en el mundo, pero para transformarlo y redimirlo con el propio amor a Cristo. Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los comienzos se ha anticipado a la teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del postconcilio.

"Tal es el mensaje y la espiritualidad del Opus Dei: vivir unidos a Dios en medio del mundo, en cualquier situación, cada uno luchando para ser mejor con la ayuda de la gracia, y dando a conocer a Jesucristo con el testimonio de la propia vida.

"¿Hay algo más bello y más apasionante que este ideal? Vosotros, insertos y mezclados en esta humanidad alegre y dolorosa, queréis amarla, iluminarla, salvarla: ¡benditos seáis y siempre animosos en este vuestro intento! "


La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer
Luis Ignacio Seco

Prólogo
El Opus Dei en el mundo
Algo de historia
¿Qué es el Opus Dei?
Gobierno del Opus Dei
La gente del Opus Dei
El apostolado: Un mar sin orillas
Iniciativas apostólicas de los miembros del Opus Dei
Epílogo: Por todos los rincones de la tierra