Presentación. Francisco Ponz

Son ya abundantes las publicaciones sobre el Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei. Nunca había pensado yo en aportar algo más, ya que, por dedicarme a la Fisiología, me veo muy lejos del arte literario y de la metodología histórica. Pero algunos amigos me han insistido en que ponga por escrito mis recuerdos, argumentando que, por ley de vida, será cada vez más difícil obtener testimonios sobre él, de testigos de los años inmediatos a la guerra civil española. A pesar de mi resistencia inicial, he emprendido ese intento como mínima muestra de reconocimiento al Beato Josemaría, a quien tanto debo.

He limitado mi relato al periodo 1939-1944, en el que tuve la inmensa suerte de conocerle y de vivir junto a él en Madrid. Durante la elaboración de estas páginas, algunas personas han tenido la suficiente paciencia de leer mis folios y sugerirme mejoras de estilo que me han sido muy útiles y de veras agradezco.

Como es sabido, el Opus Dei comenzó en España. En los primeros años cuarenta del siglo XX el país se hallaba estragado por la contienda civil: todo debía reconstruirse con muy escasos medios. En muchos corazones había heridas no restañadas. Imperaba un régimen político singular, autoritario, con libertades restringidas, que se proclamaba católico. A los cinco meses de terminar la guerra civil, se desató violenta y devastadora la segunda guerra mundial, que tuvo fuertes repercusiones políticas, culturales y económicas en España.

En ese tiempo y bajo esas circunstancias, Dios quiso dar al Opus Dei un decisivo impulso. El Señor se lo había hecho ver en Madrid el 2 de octubre de 1928 a Josemaría Escrivá, un sacerdote que tenía entonces 26 años y que había nacido en Barbastro, en la provincia de Huesca. El Opus Dei abría caminos de santidad en el mundo a toda clase de personas, y estaba llamado a extenderse por toda la tierra, a lo largo de los siglos. Entre 1928 y 1936, gracias a la ayuda divina y a la fe gigante del Beato Josemaría, aquella semilla echó raíces y empezó a crecer muy lentamente. La guerra española (1936-1939) frenó la expansión.

En el periodo inmediato siguiente, del que se ocupan estas páginas, el Opus Dei tomó cuerpo: pasó de contar con sólo una docena de miembros, a unos dos centenares, extendiéndose desde Madrid a otras ciudades de España. El Beato Josemaría, con ardiente amor a Dios y a las almas, puso toda su vida al servicio de ese fuerte crecimiento; libró con fortaleza la batalla de la formación espiritual y doctrinal de sus hijos; se esforzó con paciente energía en hacer entender la naturaleza del Opus Dei, y emprendió el camino jurídico para encontrarle lugar adecuado, siempre al servicio de la Iglesia. También por entonces se ordenaron los tres primeros sacerdotes del Opus Dei. Y a medida que terminaban sus estudios civiles, sus hijos pasaban a ejercer su trabajo profesional en la sociedad. Fue además una etapa de muy ásperas y dolorosas contradicciones, que el Fundador del Opus Dei sobrellevó lleno de caridad y sentido sobrenatural, con admirable humildad, alegría y paz.

No he pretendido hacer un estudio biográfico del Beato Josemaría ni una historia del Opus Dei durante esos cinco años. Tan sólo ofrecer un testimonio, basado en impresiones y recuerdos propios, acerca de un hombre santo, instrumento de Dios para abrir a la gente corriente horizontes de santidad y apostolado nunca soñados. Aunque con el empeño de ser objetivo y fidedigno, este relato se hace al hilo de lo visto a través del prisma del que escribe, y contiene un exceso de circunstancias secundarias referentes a su persona, que espero disculpe el lector.

Para establecer con mayor seguridad algunas fechas, he acudido a examinar en los Archivos de la Prelatura algunos cuadernos diarios de aquel periodo. En el texto aparecen bastantes nombres de fieles del Opus Dei y de amigos de esos tiempos: a todos ellos -también a los que no menciono por olvido o para no resultar prolijo- debo profundo reconocimiento.

Sirvan estas páginas para expresar mi agradecimiento al Fundador del Opus Dei, por la felicidad terrena que le debo y por haberme enseñado un camino hacia la eterna.


Presentación
De Huesca a Madrid. La guerra civil
Mi encuentro con el Opus Dei
Con el Padre, en la residencia de Jenner
El curso académico 1940-1941
El primer centro de estudios del Opus Dei
El Padre, en Diego de León
La santidad del fundador del Opus Dei
Mis estudios en Suiza y Barcelona
De nuevo con el Padre, en Madrid
Cristo presente en los quehaceres del mundo
Epílogo. El brazo de Dios no se ha empequeñecido