Le daban tres meses de vida

Sorprendente curación de una grave enfermedad pancreática
(diciembre de 1996)

En la historia clínica de Rosa, residente en Roma, casada y con dos hijos, figuran dos operaciones quirúrgicas de importancia: una histerectomía, realizada en 1990, y la extirpación de un cáncer de mama, en 1994. A causa de estos precedentes, se sometía regularmente a cuidadosos reconocimientos médicos.

La enfermedad de la que se curó de modo sorprendente se desarrolla a lo largo de 1996, y más concretamente —por lo que se deduce de la historia clínica— a partir del mes de mayo. Antes de esta fecha, los exámenes médicos resultaron siempre normales: no había signos de reanudación de ninguna enfermedad tumoral, las constantes sanguíneas se mantenían dentro de la normalidad (a excepción de una leve anemia) y las radiografías torácicas no manifestaban ninguna imagen sospechosa.

En el mes de mayo, la paciente comenzó a sufrir dolores abdominales agudos. Una gastroscopia reveló la existencia de una pequeña lesión ulcerosa en el duodeno, en vías de cicatrización, que no podía ser responsable del cuadro clínico. En un posterior examen, en el mes de junio, esos dolores son descritos del siguiente modo: "Cuadro doloroso epigástrico en barra, con proyección dorsal, sin relación con las comidas y sin que se vea influido por la asunción de ranitidina ni de omeprazol". Quedaba, pues, excluido el origen ulceroso de esos síntomas. El cuadro doloroso iba acompañado de una sintomatología digestiva inespecífica. Recibió un tratamiento meramente sintomático.

En agosto, nuevos análisis mostraban una intensificación de la anemia con aumento concomitante de las plaquetas. La fórmula leucocitaria se presentaba normal, así como los principales parámetros que se suelen investigar en la sangre (glucosa, bilirrubina, transaminasas, etc.). Sólo algunos electrólitos (cloro y sodio) mostraban cifras por debajo de los valores normales.

Cuatro meses de progresivo empeoramiento

A principios de septiembre, la persistencia de los síntomas y el progresivo deterioramiento del estado general, con alarmante disminución de peso, indujeron a los médicos a efectuar una TAC total body (tomografía axial computerizada de todo el cuerpo), a la búsqueda de las posibles causas del mal. Este examen reveló principalmente un engrosamiento no homogéneo de la cabeza del páncreas. En la región perigastro-esofágica, siguiendo la curvatura menor del estómago, la TAC individuó la existencia de pequeños nódulos; tras la administración de contraste, fueron interpretados como adenopatías de tipo metastásico, es decir, como formaciones cancerosas secundarias a un tumor, probablemente de la cabeza del páncreas.

Junto a estas imágenes, la TAC puso de manifiesto un abundante derrame pleural en el lado izquierdo del tórax y un leve derrame pericárdico. Era tan alarmante la situación, que el radiólogo decidió retrasar un día la entrega del informe para poder hablar antes a solas con el marido de la enferma. Fue inmediatamente hospitalizada. En el momento de ingresar en la clínica, su peso era de 48 kg. Una toracocentesis (punción quirúrgica de la pared torácica) permitió extraer de la pleura 600 cm3 de líquido hemático con abundantes leucocitos, aunque no se detectaron células cancerosas.

A la vista de los resultados de la TAC, los médicos no dudaron en establecer un diagnóstico de cáncer de la cabeza del páncreas con metástasis. Se consultó a varios oncólogos que se manifestaron de acuerdo con tal diagnóstico. No se consideró necesario realizar una biopsia del presunto tumor, pues parecía superfluo y peligroso, ya que en ese tipo de intervenciones siempre existe el riesgo de diseminar el tumor. Los médicos pronosticaron tres meses de vida a la enferma, que inmediatamente comenzó un tratamiento a base de Gemcitabina, un nuevo quimioterápico.

El marido de Rosa, en su afán por apurar si se podía hacer algo por la vida de su mujer, consultó a un especialista de Milán que, a su vez, le aconsejó acudir a un profesor suizo, experto en este tipo de tumores. También esta nueva consulta reafirmó la convicción de que se trataba de un tumor de páncreas, aunque faltaba la certeza absoluta, que —como se ha dicho— sólo podía alcanzarse mediante examen histológico. Se decidió, pues, continuar con el tratamiento emprendido.

La enferma había ya recibido un ciclo de quimioterapia (tres aplicaciones a lo largo de una semana) y estaban previstos dos ciclos más, con un intervalo de una semana entre ciclo y ciclo. Sin embargo, el estado general empeoraba constantemente: el peso descendió por debajo de 40 kg. y de nuevo se presentaron abundantes derrames pleurales, evidenciados por una radiografía torácica, el 22 de octubre. A la vista de la situación, los médicos suspendieron la quimioterapia.

Una semana después, los análisis pusieron de manifiesto un empeoramiento de la situación pulmonar, con nuevo abundante derrame pleural: le fueron extraídos 600 cm3 de líquido francamente hemático. Se decidió continuar con el tratamiento a base de corticoides y comenzar la alimentación parenteral de la enferma en su propio domicilio mediante goteo endovenoso.

El 18 de noviembre, una nueva TAC reveló la presencia de formaciones nodulares en la base pulmonar derecha, definidas por el radiólogo como "compatibles con metástasis". En la cabeza del páncreas se evidenció "una formación redondeada de 4 cm. de diámetro máximo, con densografía de tipo fluido". Una imagen análoga era evidente en la cola del páncreas, con dimensión máxima de 6 cm.

El 22 de noviembre se drenaron otros 600 cm3 de la cavidad pleural, siempre de contenido prevalentemente hemático; el análisis de las células del líquido pleural mostró la presencia de algunos linfocitos y células hemosiderofágicas. Los análisis de sangre evidenciaron la existencia de una importante anemia con fluctuaciones en la cifra de leucocitos. Ante los síntomas de infección, se comenzó un tratamiento antibiótico por vía oral. A mitad de diciembre, visto que la sintomatología no disminuía, el tratamiento antibiótico pasó a realizarse por vía intramuscular, al tiempo que comenzaba la administración de enzimas pancreáticas. La situación parecía precipitar.

Invocación al Beato Josemaría

En aquellos meses de sufrimiento, el marido de la enferma se sintió fortalecido gracias a la solidaridad que le manifestaban sus amigos, entre los que se encuentran varios fieles de la Prelatura residentes en Roma. "Mi amigo Andrés —escribe—, que fue uno de los primeros en conocer la enfermedad de mi mujer (...), me escribía el 19 de septiembre de 1996 el siguiente billete: "Querido Franco, estoy rezando por la curación de tu mujer. Lo hago a través de la intercesión del Beato Josemaría. Esta reliquia podrá ayudarte a rezar. ¡Hazlo con mucha fe!"".

Franco agradeció la estampa con reliquia ex indumentis del Beato Josemaría y la colocó en la mesilla de noche, junto al lecho de la enferma. Además, un sacerdote ofreció la Santa Misa, por la misma intención, en la cripta de la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, muy cerca de los sagrados restos del Beato Josemaría.

"De todas partes me llegaban manifestaciones de solidaridad y afecto —continúa el relato del marido—, pero los médicos que atendían a mi mujer nos dejaban muy pocas esperanzas de vida. Y mi fe en las cosas divinas no era tan grande que me permitiese esperar una intervención sobrenatural que causase su curación".

Justo a finales de diciembre, cuando la situación parecía ir a peor, la salud de Rosa comenzó a mejorar repentinamente. Franco, su marido, señala con precisión el momento en que se verificó el cambio: "Unos días antes de Navidad, mi mujer manifestó el deseo de recibir la Comunión. Vino a nuestra casa el párroco de nuestra parroquia (...), y mi esposa recibió la Santa Comunión. Desde este momento la mejoría ha sido rápida y constante, como confirman los resultados de los análisis y de la TAC, que reflejan una situación clínica de la paciente en continua mejoría".

Efectivamente, en pocos días la enferma recuperó varios kilos de peso, por lo que los médicos se abstuvieron de nuevas prescripciones. El 15 de enero fue sometida a una nueva TAC, que puso de manifiesto una notable mejoría del cuadro clínico, tanto a nivel pulmonar como pancreático. En el páncreas se apreciaba todavía una formación nodular de 2,2 cm. de diámetro.

El 4 de marzo, el cuadro radiológico pulmonar era prácticamente normal; ese mismo día, una ecografía evidenciaba un páncreas de aspecto atrófico pero sin ninguna huella de la formación nodular registrada todavía en la última TAC. También la analítica de laboratorio había mejorado ostensiblemente.

Esta extraordinaria e inesperada curación fue comunicada por el marido de la enferma al sacerdote del Opus Dei que había celebrado la Santa Misa junto a la tumba del Beato Josemaría con estas palabras: "¡Vuestras oraciones (...) y la intercesión del Beato Josemaría han realizado el milagro! Mi mujer (y usted lo ha visto) está curada del mal que los médicos definían "incurable". Me gustaría tener vuestra misma fe para ser capaz de apreciar en toda su grandeza el regalo que el Señor me ha hecho. Os lo agradezco con todo mi corazón".

Una curación médicamente inexplicable

Otros médicos han hecho estudios clínicos de este caso. A la vista de los análisis e informes precedentes, llegan a la conclusión de que la grave enfermedad sufrida por Rosa sólo ha podido ser un tumor de páncreas o una pancreatitis aguda; no es posible adquirir certeza científica porque no se llegó a realizar un estudio biópsico de la masa tumoral que se manifestaba en la cabeza del páncreas.

Los expertos consultados, también a la luz de la evolución de la enferma, mantienen la opinión de que se trató de una pancreatitis aguda erróneamente diagnosticada y tratada como un cáncer. Un radiólogo, después de un atento estudio de la amplia documentación, pone de relieve, en primer lugar, que "la radiología del páncreas es un terreno de estudio más bien difícil, donde frecuentemente es imposible pronunciarse con absoluta certeza. En segundo lugar —añade—, mi estudio se ha llevado a cabo "a posteriori", es decir, disponiendo de todos los datos clínicos, cuando la historia clínica de la paciente ya se había resuelto". Y concluye: "En ausencia de exámenes histológicos, no se puede excluir con certeza un cuadro tumoral. Sin embargo, desde el punto de vista radiológico, el cuadro parece corresponder más bien a una pancreatitis. Desde luego, puede afirmarse que en este caso se ha tratado de una forma de pancreatitis muy grave y de una evolución francamente sorprendente. Incluso en presencia de un tratamiento correcto, la total desaparición (...) de las lesiones pulmonares y el estado del páncreas al acabar la enfermedad es muy ajeno a la común experiencia clínica".

Por su parte, el internista que ha llevado a cabo el estudio final del caso, tras hacer un detenido diagnóstico diferencial entre las hipótesis más probables —pancreatitis, cáncer de páncreas, metástasis del cáncer de mama anteriormente operado— se pronuncia a favor de la pancreatitis, enfermedad que no fue diagnosticada ni, por tanto, tratada. Es importante la conclusión de su estudio: "Se puede afirmar, en todo caso, que la evolución de esta paciente hacia la curación total es extraordinaria, cualquiera sea el diagnóstico. Si se trató de un cáncer de páncreas, una de las neoplasias más agresivas, sería absolutamente inexplicable con la ciencia médica actual. Si hubiese sido una pancreatitis, que habría que considerar —como se dijo— grave, sin mediar desde el principio un tratamiento específico para ella, ni las medidas habituales en estos casos, la evolución es asombrosa. Una vez puestas algunas medidas —escasas para la gravedad del caso—, el aumento del peso y la mejoría del estado general en pocos días, son igualmente muy llamativos. Si se hubiese pensado en este diagnóstico, muy probablemente la paciente habría sido tratada en una Unidad de Cuidados Intensivos".

En fecha 30 de junio de 1997 escribe el marido de la enferma: "Actualmente, después de los últimos análisis y TAC efectuados (la más reciente, el 25 de junio pasado), Rosa parece haberse curado efectivamente del mal "incurable" que los especialistas le habían diagnosticado". Y añade que, en el último reconocimiento médico efectuado, tras un examen cuidadoso y atento de la paciente, el catedrático que había seguido la enfermedad de su mujer se dirigió a él con unas palabras que no olvidará nunca: "Nos encontramos frente a un evento de carácter milagroso".


PRESENTACIÓN
Un tumor del tamaño de una naranja
Se había quedado ciego
Pudo seguir con su vocación
Ya come sin dificultad
Un atentado y un cáncer
No podía tener más hijos
No hizo falta amputar
Una claridad tremenda
Dejó las muletas al cabo de diez años
La fe de una madre
Desapareció sin dejar rastro
Una pesadilla que duró once horas
No perdió la mano
Un "imposible" llamado Josemaría
En estado terminal
Sucedió en una noche
Le daban tres meses de vida
Las manos de un cirujano