No perdió la mano

Recuperación repentina de la sensibilidad y motilidad de una mano
(febrero de 1993)

Luis Fernando tenía 16 años cuando le sucedió un grave accidente. Era alumno del Colegio Intisana, obra corporativa del Opus Dei en Quito (Ecuador).

Luis Fernando sufrió aquel día una caída como tantas otras que se producen en cualquier escuela, debido a la vivacidad de los alumnos. La casualidad quiso que, en esta ocasión, la caída tuviera consecuencias que podrían haber dejado manco al estudiante. Todo se resolvió del mejor modo posible gracias a la intercesión del Beato Josemaría Escrivá.

Una caída con graves consecuencias

Era el 10 de febrero de 1993. Había terminado un examen de Química y, liberado por fin de la tensión de la prueba, echó a correr por uno de los pasillos de la escuela. Resbaló en un momento determinado y, para no caerse, trató de apoyarse con la mano derecha en la ventana abierta del aula de inglés. Lo hizo con tan mala fortuna que el vidrio de la ventana quedó reducido a añicos y uno de los trozos hirió gravemente al muchacho en la mano derecha.

El mismo protagonista, en una entrevista que le hicieron luego para el periódico del colegio, describe así la herida que se produjo: "Sufrí una cortadura profunda que me llegó hasta el hueso. Se cortó el nervio central, el tendón superior y el flexor del dedo gordo. En total, eran cinco tendones rotos y la mano quedó sostenida por el hueso que, además, estuvo fisurado".

Con un lenguaje poco preciso desde el punto de vista anatómico, el estudiante describe con claridad las graves lesiones sufridas. En el momento en que se apoyó, la mano derecha se hallaba en extensión, por lo que uno de los fragmentos de vidrio rotos penetró como el filo de una navaja, seccionando todo lo que encontraba a su paso, hasta quedar detenido por el hueso.

Afortunadamente, en esos momentos se hallaba presente en el colegio un médico que prestó al herido las primeras curas; como sangraba mucho, en la práctica se limitó a bloquear la circulación del miembro superior derecho mediante la aplicación de un torniquete. Inmediatamente lo acompañó a Urgencias del Hospital Metropolitano de Quito. "En el momento en que me dirigía al hospital —recuerda el herido—, trataba de ver cuáles de mis dedos no los podía mover. Comprobé que los tres primeros dedos, comenzando por el pulgar (...) los movía muy escasamente, casi nada. No podía sentir los tres dedos; los restantes estaban bien, tanto en movimiento como en sensibilidad. No sentía dolor, sólo sangraba mucho. El dolor comenzó unos veinte minutos después del accidente".

Una vez llegado al hospital, fue atendido urgentemente por y se comprobó la gravedad de la lesión. El informe es explícito: "La herida interesaba la parte palmar de la muñeca, que iba de la región tenar hacia lado cubital, a unos 3 cm del pliegue de la muñeca. Era muy profunda y tenía un vidrio grueso de forma triangular incrustado y que atravesaba hasta la región dorsal (...). A simple vista se apreciaba la sección de todos los tendones palmares, y la exposición del radio y el cúbito. La sensibilidad radial y cubital estaban conservadas, así como la circulación radial y cubital, cuyos paquetes fueron disecados pero no heridos. La sensibilidad del mediano ausente. No había en rayos X trazo de fracturas".

Después de los exámenes preliminares necesarios, fue llevado al quirófano, donde —bajo anestesia general— fue operado para reconstruir los tejidos. La intervención, muy laboriosa a causa de los destrozos ocasionados por el vidrio, duró más de tres horas. En el acto quirúrgico, escribe el cirujano, "se procedió a la limpieza de la herida. Se comprobó la sección completa de tendones, de radiales, flexores superficiales y profundos, y del nervio mediano. Se procedió a la tenorrafia de todos los tendones y a la neurorrafia del nervio mediano con la ayuda de magnificación óptica. Se cerró la herida y se inmovilizó dinámicamente la mano".

La descripción de la operación, con lenguaje técnico, nos hace saber que a Luis Fernando hubo prácticamente que "coserle" la mano, que permanecía unida al resto del brazo sólo por el hueso y los ligamentos articulares. Gracias a Dios, el conjunto de los vasos y nervios cubitales y radiales no habían sido lesionados; no así el nervio mediano, que aparecía —como los tendones de los músculos— completamente seccionado.

La operación fue realizada correctamente; sin embargo, la recuperación de los movimientos de los tres primeros dedos y, sobre todo, la sensibilidad perdida, aparecían problemáticas. El médico advirtió a los padres sobre la posibilidad de que quedaran lesiones permanentes, tanto sensitivas como motoras y disfunción de los dedos. Les hizo notar que, frente a estas posibles secuelas, el muchacho podría necesitar otras intervenciones en el futuro. De momento, la muñeca debía quedar inmovilizada: los primeros días, con un vendaje compresivo; luego con un yeso.

A las pocas horas de la operación

Luis Fernando escribe: "Unos minutos antes de despertar [de la anestesia], el médico había dicho que era una lástima porque mi mano iba a quedar inmóvil, como si tuviera una mano artificial "pegada" al brazo y que era muy difícil que volviera a recuperar".

Cuando el herido recobró el conocimiento, dos o tres horas después de haber salido del quirófano, uno de los médicos fue a verle. Le invitó a mover los dedos afectados, pero fue incapaz; el médico comprobó también la ausencia total de sensibilidad en los dedos pulgar, índice, corazón y mitad externa del anular, zona correspondiente al territorio inervado por el nervio mediano.

Justamente lo que más preocupaba a los médicos era la recuperación funcional del nervio mediano, que —como se recordará— había sido completamente seccionado. La experiencia clínica muestra que, después de una neurorrafia del mediano (sutura de los dos extremos del nervio), la funcionalidad de los fascículos sensitivos se recupera sólo al cabo de varios meses. De ahí la sorpresa de los médicos cuando, la mañana sucesiva a la operación, tuvieron conocimiento de que Luis Fernando ya comenzaba a mover los dedos y a tener sensaciones en ellos. "El médico se rió y reaccionó con incredulidad —cuenta el muchacho— y dijo que quería comprobar. Al ver que comencé a mover los dedos, el médico nos dijo: "Cuéntame, ¿a quién te encomendaste? ¿Quién es tan poderoso que te hizo el milagro? Porque yo, que te operé, sé lo que hice, y cómo quedó la mano después de la operación"".

En efecto, ya la tarde anterior el herido había comenzado a recuperar la sensibilidad y la motilidad perdidas. El hecho sucedió pocas horas después de la operación. Hacia las ocho de la tarde de ese mismo día, el rector y el vicerrector del colegio acudieron a visitar a Luis Fernando en el hospital. Se interesaron por el resultado de la intervención y el vicerrector preguntó al herido si había rezado por su curación. El muchacho respondió que no, porque se había recobrado de la anestesia poco antes. Pero dejemos que él mismo cuente lo sucedido:

"Me dijo que le rezara al Beato Josemaría y me entregó una estampa que cogí con la mano izquierda; en ese momento la estampa rozó en mi mano derecha, sentí como un pinchazo y dije en voz alta, casi gritando: "ya siento los dedos de mi mano, ya los siento", porque antes no los sentía y parecía que estaba acalambrada. Desde ese instante comencé a recuperar todas las funciones de la mano y considero un verdadero milagro mi recuperación".

La noticia se difundió enseguida por el hospital, de modo que más tarde acudieron varios médicos a ver a Luis Fernando, que cuenta: "todos miraban asombrados mi mano restablecida del grave daño que sufrió".

Después de cinco días de hospitalización, Luis Fernando regresó a su casa con el brazo escayolado. Cuando le quitaron el yeso, comenzó un tratamiento de recuperación que dio excelentes resultados. Actualmente, como certifica el cirujano que le operó, "no tiene ninguna incapacidad, y no está planificada otra intervención".

Otro especialista, después de examinar atentamente este caso, concluye de la siguiente manera: "A mi juicio, se trató de un accidente que causó graves lesiones (sección traumática del nervio mediano y de los tendones flexores de la mano), que fueron tratadas correctamente; y cuyo resultado se puede considerar óptimo.

"Sin embargo, aun en presencia de un tratamiento adecuado, la práctica clínica muestra que este tipo de lesiones raramente llegan a una recuperación total, como la que se ha dado en el caso de Luis Fernando. Por tanto considero que se trata de una recuperación muy fuera de lo común". 


PRESENTACIÓN
Un tumor del tamaño de una naranja
Se había quedado ciego
Pudo seguir con su vocación
Ya come sin dificultad
Un atentado y un cáncer
No podía tener más hijos
No hizo falta amputar
Una claridad tremenda
Dejó las muletas al cabo de diez años
La fe de una madre
Desapareció sin dejar rastro
Una pesadilla que duró once horas
No perdió la mano
Un "imposible" llamado Josemaría
En estado terminal
Sucedió en una noche
Le daban tres meses de vida
Las manos de un cirujano